20 mayo 2013
¿Somos buenos, malos o todo lo contrario?
05 abril 2013
Narciso y Eco
escriptorum54 dijo...
A mí me resulta triste la historia de Narciso. no lo puedo evitar.
Un abrazo
30/7/07 09:01
quantum dijo...
La belleza de la tragedia y la tragedia de la belleza.
Espléndido escrito. Feliz estoy con este reencuentro.
Un gran abrazo y seguido.
31/7/07 22:59
A. di Zacco dijo...
Gracias ambas y bienvenidas siempre.
31/7/07 23:34
Paco Traver dijo...
Los hombres lo que buscamos es el deseo del deseo, esa es la gracia
1/8/07 23:47
karina dijo...
Maravilla lo que he leído llegada hasta acá por el azar de mi curiosidad.
Un saludo!
2/7/09 22:34
04 noviembre 2012
El beso

La colitis de la nobleza
"Muchos no estaban enfermos en modo alguno y quizá no lo hubieran estado nunca si no me hubiesen consultado. Muchos se imaginaban enfermos, y eran los que me contaban historias más largas; hablaban de la abuela, de la tía o de la suegra, o sacaban del bolsillo una hoja de papel y empezaban a leer una lista interminable de síntomas y trastornos —le malade au petit papier, solía decir Charcot—. Todo aquello era nuevo para mí, que no tenía ninguna experiencia fuera de los hospitales, donde no había tiempo que perder en tonterías, y cometía muchos desatinos. Más adelante, cuando empecé a conocer más la naturaleza humana, aprendí a tratar algo mejor a tales enfermos, pero nunca estábamos muy de acuerdo. Parecían muy trastornados cuando les decía que tenían buen aspecto y que su complexión era buena, pero reaccionaban rápidamente si añadía que la lengua parecía más bien sucia —lo cual era generalmente cierto—. En la mayoría de estos casos mi diagnóstico era que comían con exceso; demasiados pasteles y dulces de día, y cenas harto abundantes de noche. Probablemente, fue el diagnóstico más exacto que hice en aquellos días, pero ningún éxito tuve. Nadie quería saberlo. No agradaba. El diagnóstico que gustaba a todos era el de apendicitis. En aquella época estaban de moda las apendicitis entre la gente de la mejor sociedad que buscaba una dolencia. Todas las damas nerviosas la tenían en el cerebro, ya que no en el abdomen, y se encontraban muy bien con ella, y lo mismo sus médicos. Así, pues, opté gradualmente por las apendicitis y traté gran número de ellas con éxito diverso. Pero cuando empezó a correr la voz de que los cirujanos norteamericanos habían emprendido una campaña para cortar todos los apéndices de los Estados Unidos, mis casos empezaron a disminuir de un modo alarmante. Consternación:
—¡Cortar el apéndice, mi apéndice! —decían las señoras elegantes, agarrándose desesperadamente a su processus vermicularis, como una madre al propio hijo—. ¿Qué haría sin él?
—¡Cortar sus apéndices! ¡Mis apéndices! —decían los médicos consultando melancólicamente la lista de sus enfermos—. ¡En mi vida he oído semejante estupidez!
Pero si no hay nada en sus apéndices; si lo sabré yo, que debo examinarlos dos veces por semana. Soy absolutamente contrario.
Muy pronto fue evidente que las apendicitis pasaban de moda y que era preciso descubrir una nueva enfermedad para satisfacer la demanda general. Entonces la Facultad se mostró a su altura y lanzóse al mercado un nuevo mal, se acuñó una nueva palabra, una verdadera moneda de oro; la ¡colitis! Era una enfermedad conveniente, libre del bisturí del cirujano, siempre a mano en caso necesario y adaptable a todos los gustos. Nadie sabía cuándo venía ni cuándo se iba. Mas yo sabía que muchos de mis previsores colegas la habían ensayado con gran éxito en sus enfermos; pero a mí, hasta entonces, me había sido contraria la fortuna.
Uno de mis últimos casos de apendicitis creo que fue la Condesa X, que vino a consultarme recomendada por Charcot, según dijo ella. Charcot me mandaba de vez en cuando enfermos. Yo, como es natural, anhelaba hacer cuanto pudiera por ella, aunque no hubiese sido tan hermosa. Miró al joven oráculo con mal disimulada decepción en sus grandes ojos lánguidos, y dijo que quería hablar con Monsieur le Docteur lui-même, no con su ayudante —éste era el primer saludo que estaba yo acostumbrado a recibir de cada nuevo enfermo—. Al principio no sabía ella si tenía apendicitis, y le ocurría lo propio a Monsieur le Doctor lui-même; mas no tardó en estar segura de tenerla, ni yo en estarlo de que no la tenía. Cuando se lo dije, con imprudente brusquedad, se alteró mucho. El profesor Charcot le había dicho que yo descubriría seguramente lo que tuviera y la ayudaría; y en vez de eso... Rompió a llorar y yo lo lamenté mucho.
—¿Qué es lo que tengo? —sollozó, tendiendo las manos vacías hacia mí, con un ademán desesperado.
—Se lo diré si me promete estar tranquila.
Dejó de llorar de pronto y, enjugándose las últimas lágrimas de sus ojazos, dijo valerosamente:
—Puedo soportar cualquier cosa, ¡he sufrido tanto! No tema usted, no volveré a llorar. ¿Qué tengo?
—Colitis.
Sus grandes ojos tornáronse aún mayores, lo cual yo hubiera creído imposible.
—¡Colitis! Exactamente lo que siempre me había figurado. Estoy segura de que tiene usted razón. ¡Colitis! Dígame, ¿qué es la colitis?"
Un post sobre el libro: http://luismontielllorente.blogspot.com.es/2010/12/la-historia-de-san-michele-de-axel.html
21 octubre 2012
Predecir para ahorrar
En este post se planteaba cuál es la causa de que a los humanos nos moleste tanto –a veces lo reconocemos, otras no- el no “tener la razón”, hecho que deriva con mucha frecuencia en tensiones, discusiones y/o frustraciones que representan un alto coste energético, y que por otro lado no suelen llevar a ningún buen puerto. (Los mediterráneos y latinos, dicho sea de paso, somos un pueblo que cree que los decibelios del grito convencen más al otro que la sensatez.)
Pero no se trata tan sólo de no “tener la razón” ante un interlocutor, sino también ante la vida.
“¿Por qué esa manía crónica de ajustar o encajar contínuamente la realidad a lo percibido o creído de antemano? Quizá porque en nuestro fuero interno nos molesta bastante que la realidad subjetiva no acabe de coincidir con los esquemas que preconcebimos ni recordamos ya cuándo. El abismo que las separa nos produce vértigo”
Se apuntaba ahí al desajuste o abismo como metáfora de la diferencia que existe entre nuestras expectativas y la cruel realidad, y a la posibilidad de que sea precisamente esta especie de diferencia de potencial la que nos cuesta tanto manejar.
En el 2005, Álvaro Pascual-Leone, renombrado neurólogo español, declaraba en una entrevista hecha por Punset:
“lo que hace el cerebro es generar una expectativa (…) realiza una predicción sobre lo que debe esperar. Ahora, por ejemplo, me has formulado una pregunta esperando una respuesta (…) tienes ciertas expectativas sobre lo que diré y cómo lo diré, etcétera. Si surge algo distinto a lo esperado, se produce un conflicto entre tu lo que esperas y lo que obtienes. Creo que nuestro cerebro está codificado para generar expectativas y detectar lo inesperado. Así que, en último término, las ilusiones no son más que un momento de desequilibrio inesperado entre lo que esperamos que suceda y la realidad se nos presenta”
Pero sucede que el cerebro es muy listo, y sabe perfectamente que, por la cuenta que le trae, ha de espabilarse para ir saltando del modo más operativo (y rápidamente) los pequeños abismos cotidianos entre realidad y expectativa, entre predicción y hechos: no siempre predice bien.
Según los últimos descubrimientos del Max Planck Institute for Brain Research (Frankfurt) y el departamento de Psicología de la Universidad de Glasgow publicados el mes pasado en el Journal of Neuroscience, parece ser que la clave de ese intento desesperado de predecir -aunque con gran margen de error- no es otra que el ahorro de energía.
“Si nos encontramos frente al escritorio de nuestra oficina, que hemos visto cientos de veces, nuestro cerebro no necesita emplear mucho tiempo para procesar esta escena conocida. Lo que sucede, en realidad, es que nuestra corteza visual tiene ya formada una imagen mental de dicho espacio, que le sirve para predecir lo que veremos, antes incluso de que entremos en la habitación. Sin embargo, si en un momento dado entráramos en la oficina y allí encontráramos algo totalmente inesperado, como a una persona desconocida sentada en nuestra propia silla, el cerebro tendría que hacer un gran esfuerzo para procesar una escena que no sería “tal y como se esperaba”.”
Dice Lars Muckli, uno de los investigadores que ha participado en el último estudio, “el cerebro espera ver cosas, y simplemente pretende confirmar sus expectativas.” Aquí está el extracto del artículo publicado (en inglés).
Como ven, parecería que en estos años transcurridos entre unas y otras investigaciones, no se haya adelantado mucho en el sentido de saber cómo evitar decepciones o frustraciones ante la grieta que aparece a veces entre nuestros deseos o previsiones y los hechos reales, a evitar sufrir ante la evidencia, pero quizá ya no quede mucho, si no para evitarlo, al menos para comprenderlo.
Mientras el humano no conozca la solución, el autoengaño y la negación freudiana parecen ser las alternativas más “al alcance” y que requieren menos energía de todas. Como dice el sabio refranero: “No hay peor sordo que el que no quiere oir”.
Ni peor ciego que el que no quiere ver, podría añadir(1).
(1) En lo relativo a la visión y al qué enfocamos y porqué, ver el post “Enfocandola probabilidad”.
07 agosto 2012
Asociacionismo (agradecimiento)
30 julio 2012
Orgasmos gástricos

Pero esto sólo es así en primera instancia. A medida que la complejidad del adulto como ente vivo vaya en aumento, aumentará asimismo, gradualmente, la sofisticación de su catálogo de percepciones, tanto placenteras como desagradables. De este modo, el acto de comer dejará de ser tan solo un acto con el limitado fin de supervivencia o crecimiento, al serle incorporados poco a poco nuevos matices puramente culturales y fundamentalmente hedonísticos. Por su parte, el sexo ampliará su inicial función hacia ámbitos mucho más allá de lo reproductivo (según descubrimientos recientes(*), aparte de los bonobos también los delfines usan el sexo sin fines reproductivos). En ambos casos (comida y sexo) hablamos del placer como "además de", un plus a lo que en un principio se limitó a lo imprescindible pero cuyo ámbito de aplicación se fué ampliando (acaso la clave de la cultura sea precisamente la capacidad de añadir pluses a las necesidades originales: sólo cuando las más básicas están cubiertas podemos dedicar energías a ampliar nuestro campo hedonístico). Es por ello que nos resulta ahora familiar la expresión "¡Es orgásmico!" al degustar una comida deliciosa. Sobre esa confusión original en la que todos los placeres fueron el mismo placer saben mucho los publicistas, y para muestra esta cuña publicitaria de un famoso helado de chocolate, en el que las referencias visuales alimenticias y eróticas conforman una ambigüedad tan borrosa que es difícil desligar uno de otro:
(*) Gracias a F. Magdalena por su aportación.
27 julio 2012
La viga y la paja, o los porqués y los para qués
10 junio 2012
Vida y muerte: composición y descomposición
Una vez satisfecha su esencial necesidad, se alejó del bosque de fresnos rojos y parte del esqueleto del salmón (y, entre sus muchos componentes, nuestro átomo de calcio) quedó ahí, abandonado entre los troncos.
31 diciembre 2011
Instrucciones para llorar (J. Cortázar)
29 octubre 2011
Fachadas (o De la desmesurada credibilidad de lo que vemos)
Una persona conocida que me mostraba su piso mientras lo pintaba me explicaba que se había quedado sin pintura justo un metro cuadrado antes de terminar aquella estancia.
Mujeres entradas en años (y a veces también en kilos) se pintarrajean paroxísticamente por aquello de "la fachada" (por cierto, nunca he comprendido cómo mis congéneres no se dan cuenta de que las arrugas suelen ser más visibles con maquillaje que sin él). Como fachadas son esas a las que los ayuntamientos limpian y dan esplendor porque el interior es lo de menos: lo que cuenta es que los turistas digan "Qué bonita es Barcelona, qué edificios tan bien cuidados!" (en esta imagen se ve claramente la diferencia entre la fachada, que se vé, y lo que no se ve).23 octubre 2011
Pamies, o la verdad sobre plantas medicinales y fármacos
30 septiembre 2011
El cerebro holográfico (en inglés)
Aquí tienen un video de Karl Pribram hablando sobre el cerebro holográfico. Que lo disfruten.
07 agosto 2011
Pachita (Jacobo Grinberg Zylberbaum)
Nota: con "clic" en la imagen verán más información sobre J. Grinberg.
23 julio 2011
14 julio 2011
26 junio 2011
25 junio 2011
Crisis: de culpas y exculpaciones
23 junio 2011
La expresión de lo desconocido
¿Cómo creen que reaccionaríamos si aterrizaran ante nuestros ojos unos extraterrestres de distinto color al nuestro? ¿cuál sería la expresión de nuestras miradas? ¿cuál la de nuestra curiosidad venciendo al miedo?Aquí pueden ver algo muy, muy parecido. A destacar el relevante papel del tacto (observen el momento en que se tocan los desconocidos, para re-conocerse).
(Este video me ha llegado gracias a un amigo, y lo comparto con el mensaje de que todos somos tan, tan distintos, y a la vez tan, tan parecidos...)
Estremece si lo miran sin pensar, sin pre-juicios, y con amor a ese Todo que conformamos y a esa curiosidad de niño que nos habita, mal que bien disfrazada.
20 junio 2011
José Luis Sampedro y el 15-M
No suelo subir youtubes aquí, per
o hoy me han enviado éste diciendo que quien no se conmueva con esto es de hielo, y tras verlo opino lo mismo y he d
eseado compartirlo.Con vosotros, Sampedro y el futuro (<--- clic!) (aconsejo ver ambas partes)

110621 Última hora: http://politica.elpais.com/politica/2011/06/21/actualidad/1308671868_601197.html
16 junio 2011
¿No pensar?

Al hablar de meditación, he oído una y otra vez la conocida queja:
"Se trata de dejar la mente "en blanco" ¿no? Huy, pues soy soy incapaz! no puedo no-pensar en nada!"
El argumento más utilizado por los yoguis sobre eso es que no hay que ansiarse, que es normal que al principio los... etc. etc.
Casi todos se quejan de que no pueden no-pensar.
Y sin embargo, lo primero que hacemos al llegar a casa (cuando por fín podríamos ""pensar"") es encender la TV y lo último antes de acostarse es ver la TV.
Cuando podríamos no-pensar de un modo, no-pensamos de otro.
Ergo sí que sabemos, todo el mundo lo hacemos cada día (la TV es sólo un ejemplo, se entiende).
13 junio 2011
11 junio 2011
Redescubrimientos
"Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba"
(El Kybalion)
Retomando el hilo de mi paralelismo preferido universo-cuerpo y formando poco a poco una amalgama con ideas diversas tomadas de aquí y de allá, va tomando solidez, gradualmente, la intuición de que no sólo todo es lo mismo sino de que –parecido a los sistemas autoorganizados- es la relación entre las partes del todo donde se ubica la clave. Esta idea es importantísima más allá del discurso narrativo de aquello que puede recitarse de memoria de tanto oirlo. Idea que, dicho sea de paso, han sabido algunos visionarios durante eones y no es hasta ahora que comenzamos a prestarles oídos científicos (aquí, por ejemplo, pueden ver a un neurocientífico actual explicando magistralmente qué es la meditación, o aquí al famosísimo Punset, divulgador científico, en una entrevista de cariz espiritual).
Parece evidente que el funcionamiento armonioso de cualquier todo venga determinado por el buen entretejido de sus partes, por un engranaje que haga funcionar la máquina. Sólo siendo conscientes de ello podemos reparar la avería en que esa maquinaria nos ha dejado en la cuneta tanto tiempo debido a la fragmentación y el individualismo feroz que, a su vez, ha derivado en las luchas intestinas fomentadas por un mal entendimiento de qué es la identidad y por su defensa a ultranza. Hemos estado fragmentados (como diría Krishnamurti) con funestas consecuencias a todo nivel de este desmembramiento.
El presentimiento de que en la unión radica la armonía perdida puede conocerse (de cognoscere) o aprehenderse paralelamente por la vía intelectual y por la vía fenoménica, y no constituye, ni mucho menos, el descubrimiento de la penicilina ni por mi parte ni tampoco por parte de la ciencia de nuestros días. Es, simplemente, una confirmación paulatina, un re-descubrimiento, que viene teniendo lugar en mente
s individuales y la cual va tomando cuerpo a medida que –en gran parte gracias a la Red- se va extendiendo al igual que sucede con las gotitas de mercurio de un termómetro roto cuando al mínimo acercamiento con sus afines van conformando una sola gota. Pero se trata –insisto- sólo de un re-descubrimiento tras muchos siglos de oscuridad.
Se habla cada vez más de un feliz acercamiento (y encuentro) entre las dos principales vías de conocimiento de nuestros tiempos: la científica y la humanística, entre la razón y la filosofía, entre el intelecto y lo creativo. En sectores especializados lo llaman reconciliación o equilibrio entre nuestros dos hemisferios cerebrales, los cuales parecen haberse confrontado hace miles y miles de años en una enemistad que resultó en la hegemonía final de nuestro hemisferio izquierdo. Los menos versados lo llaman corazón vs cabeza. Cada cual le da su nombre, pero nada nuevo hay bajo el sol sino un ritmo pendular entre sabiduría y estulticia, entre oscuridades del alma y destellos de luz, la inteligencia bien entendida, la feliz homeostasis espiritual del Sapiens sapiens. Ahí donde, según algunos, se dirige la evolución mientras cabalgue sobre la flecha del tiempo.
Si Hermes Trismégisto levantara la cabeza y leyera las recientes investigaciones sobre universos holográficos, sobre multiversos o antimateria, si Brahma ojeara ahora las últimas publicaciones sobre el funcionamiento de la red neuronal, acaso dijeran: “Pero ¿es que no se lo dejamos ya escrito, todo esto? “¡pobres diablos!”. Ha hecho falta que físicos o neurobiólogos de nuestro tiempo sintieran curiosidad y asomaran la nariz “al otro lado” (por ejemplo, practicando meditación, o buceando en la mitología) para que presintieran que había entre ambos lados un boquete, una vía de conexión, y se decidieran a investigarla con los medios actuales.
Y, mientras esto no llegaba, nos hemos dejado convencer por lógicas aristotélicas que afirman que si A es mayor que B, entonces B no puede ser mayor que A, impidiéndonos ver que paradojas naturales nos hablan a gritos ante nuestros mismos ojos: una esponja está en el mar… y a la vez el mar dentro de la esponja, oh koan de los koans... Conocemos ahora de qué está hecho el universo (a partir de ahora habría que comenzar a llamarlo multiverso), y los entrevistados de Punset constatan que una partícula puede estar en un momento dado en una estrella y algo después habitar en una de nuestras pestañas… pero aún parece no ser suficiente. Nos hablan los investigadores de entrelazamiento cuántico y nos limitamos a un “¡oh!” mientras terminamos la cena, pero no se nos ocurre sentirlo ni entre nosotros ni –aún más cercano- en nuestra propia carne.
Se huele, se intuye, un viraje que no afecta sólo al conocimiento. Se habla de punto de inflexión en la evolución. En la sociedad se proyecta este despertar del sueño rebelándose las masas ante el poder, surge la virulencia tan previsible… En un ámbito más global, las mentes individuales -¿como aquellas gotitas de mercurio?- van entrelazando más y más sus pequeñas ideas innovadoras a la velocidad, si no de la luz, sí de wifis o satélites a un ritmo cada vez más vertiginoso… En
los 60 la primera oleada de indignados actuó como precursores de esta revolución o redescubrimiento que ya es casi inevitable presentir, y nos dejaron bien ensayado un primer movimiento hacia el cambio, tanto social como en el terreno de la experimentación de estados alterados (no importa aquí si fue con los primeros practicantes de yoga occidentales o con psicodélicos, lo que importa es la curiosidad). En nuestra generación tenemos la fortuna de poder añadir a aquel primer intento un grado aumentado de saber y también de herramientas. Ya no hay excusa y, a mi modo de ver, es papel y principal responsabilidad de la ciencia que ya no haya marcha atrás.
Pues la ciencia legítima es la principal buscadora de la verdad, y ahora ya no la busca junto al farol porque ahí había más luz, sino donde la perdió.
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