10 junio 2007

Una percepción distinta

La luna llena puede verse como un círculo blanco con fondo negro, pero también como una esfera que flota en un vacío oscuro y tridimensional (sobre todo tridimensional, ahí está lo difícil). Basta mirar en la próxima ocasión y comprobar la dificultad, la atrofia.

Un aria puede oirse como algo agradable, consabido, incluso tararearla mientras conducimos entre montañas otoñales, o bien como Voz, y voz en este caso (digamos el aspecto tridimensional de la voz) es algo que va mucho más allá de una melodía agradable o armónica: es el espíritu hecho sonido, el aire exhalado pero pasado por el filtro de la conciencia humana (con lo que tiene de divino). Pueden buscar en La Bohème pero cualquiera serviría. No en vano espíritu en griego es pneuma, lo neumático, aéreo: el intelecto está curiosamente emparentado con el aire.

El rostro del otro puede mirarse como un conjunto, también consabido, formado por esos ojos, esa nariz, etc. pero también como el Otro, aquel ser único en su especie en quien descubrimos, al ser percibido de esta forma, algo nuevo y distinto; del mismo modo en que el aria va mucho más allá de ser una melodía, ese algo trasciende en mucho una cara o unos ojos que nos hablan, se convierte por un momento -igual que el círculo se “convierte” en esfera o el aria en espíritu audible- en una visión extática de la discontinuidad, una que ya no nos recuerda la mortalidad sino que la sublima, le arranca su belleza más profunda y nos la otorga por un instante.

El núcleo común en todos estos ejemplos (habría muchos más) es un “clic” en lo experiencial, un cambio de actitud o más bien un cambio (¿cuál?) que cristaliza una audición o una visión cotidiana en otra cosa nueva, uno cuyo trampolín no está en el propio fenómeno perceptivo sino que lo acompaña en paralelo, una especie de ampliación o extensión de los sentidos que nos contactan con el mundo, o quizá una subida puntual e instantánea en la pirámide de las dimensiones. Tampoco está en el complejo mecanismo mediante el cual lo percibido se decodifica en la corteza sensorial; no habría que agradecer esa posibilidad de que somos capaces solamente a los sentidos sino a su mediación imprescindible pero no suficiente. Last but not least. Es en todo caso necesario eso otro, ese “clic” que pone en juego otras comprensiones, otras lucideces inefables que quedan así reflejadas o representadas en una luna llena, en un aria, en una cara.

Adendum 130607: http://docs.google.com/Doc?id=dhpj4dtq_8d2zmsp
(intercambio de opiniones muy interesante: se recomienda leer despacio o no leer en absoluto)
.


escriptorum54 dijo...

Demonios. Nunca había escuchado un aria pensando en lo que acabas de explicar. La ciencia es increíble.
11/6/07 20:35
A. di Zacco dijo...

Oh, no creo que se trate de ciencia exactamente, sino de ese "clic" inexplicable que lo cambia todo. Es la misma diferencia -digamos- que hay entre ver las cosas en b&n o en color.
Algo así...
11/6/07 20:54
Paco Traver dijo...

Bueno yo creo que estás hablando de Platón y de las Ideas: la suposición de que existe una idea, una abstracción que representa a todas aquellas que se le vinculan por asociación semántica, por ejemplo "arbol" es una abstracción, el "arbol" no da frutos, sino los limoneros, naranjos, etc. Lo realmente curioso de los humanos es que nuestro cerebro trabaja en red asociativamente pero al mismo tiempo es capaz de abstraer un "arbol", un solo arbol que los representa a todos, trabaja con categorias y con dimensiones, con aspectos y con totalidades, con metaforas y con metonimias, con simbolos y con iconos de contiguidad, ah nuestro cerebro es increible.
11/6/07 21:12