19 julio 2009

¿Fatalidad o fractalidad? (más sobre el destino)

Los filósofos no logran ponerse de acuerdo en la cuestión de destino vs libre albedrío, y quizá podría deberse simplemente a un problema semántico. ¿Por qué habría de existir el destino (en singular)? ¿No tendría más sentido que existieran los destinos, millones y millones de destinos por minuto?
Desde el momento en que salimos a la calle cada mañana, nos subi
mos al tronco de un árbol inmenso del cual cada posibilidad es una rama, un árbol como por ejemplo éste:
en el cual, cada vez que “elegimos” una rama en cada bifurcación, descartamos al mismo tiempo todas las demás (que nos habrían llevado a otro sitio muy distinto de seguir por ellas). Si la naturaleza ha elegido la fractalidad para dibujar ríos, árboles, alveolos pulmonares, copos de nieve, ¿por qué no iba a ser el destino también un fractal? Si fuera así, no existiría un destino escrito sino los destinos, un número incalculable de destinos a nuestro alcance, cada minuto del día, los 365 días del año, todos los años que vivimos.Los fractales son formas geométricas generadas por iteración que han sido definidas como el modo de exponer la máxima superficie en el menor volumen posible, y la naturaleza, que es muy sabia (sabe muchísimo de geometría), parece haber tomado indudable partido por ellas. Pueden encontrar mucha información en la Wikipedia y en muchas webs, pero de momento les pongo unas imágenes de ramificaciones fractales naturales:
(Caño Sancti Petri, Chiclana, fuente: www.armoniafractal.com)
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(Dendritas neuronales)
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(Lo fractal parece incursionar en muchos planos de la naturaleza. Por ejemplo, Antonio Brú es un científico que se interesó por la fractalidad del crecimiento de las células tumorales. Aquí hay un documento muy interesante al respecto de este tema, por si les interesa.)

¿Por qué no podría ser también el destino un árbol fractal natural?
Un ejemplo entre los muchos que nos ocurren todos los días:
Pongamos que hemos de ir a un sitio y que podemos ir en taxi, a pie o en autobús.
Supongamos que -sin dar la más mínima importancia a esa decisión banal- tras dudarlo unos momentos elegimos el autobús (primera bifurcación, primer descarte: elegir el medio de locomoción) porque nos duele la uña de un pie o por la razón que sea. Una vez en el autobús, que va cargado, queda un asiento vacío ante nosotros y estamos tentados de sentarnos -nos duele el pie-, pero le cedemos el asiento a la viejecita que teníamos al lado (segunda bifurcación, segundo descarte: quedarnos de pie).
Tras unos minutos, estamos sentados en los asientos del fondo (la gente ha ido bajando), junto a un chico que lee el diario. Por curiosidad, vemos en la contraportada del diario de nuestro vecino el titular de una entrevista a un científico, “El destino es fractal” (tercera bifurcación, tercer descarte: mirar ese titular en vez de mirar por la ventana), anotamos el nombre del entrevistado y nos proponemos (cuarta bifurcación, cuarto descarte: investigar eso) buscarlo en internet en cuanto lleguemos.
A todo esto, hemos llegado a la última parada (ya sólo quedábamos nosotros en la parte trasera del autobús) y, al bajar, vemos una bolsa de papel en el suelo que alguien ha olvidado. Dudamos si será una bomba de un terrorista o bien algo cuyo dueño se sentirá mal cuando se dé cuenta del olvido. La ley de la probabilidad nos hace optar por lo último (quinta bifurcación, quinto descarte: recoger la bolsa olvidada y dársela al conductor). Horas más tarde, encontramos en internet mucha información sobre aquel científico que habla de fractales, pero, entre todas ellas, aparcamos momentáneamente al científico en cuestión para abrir otra página en la
que enterarnos bien de qué son las fractales (sexta bifurcación, sexto descarte: conocer más sobre ese tema).
Dicho sea de paso, en la bolsa olvidada había un objeto que había sido prestado, y que el dueño había prometido devolver sin falta aquel día, tras mucho tiempo de asegurar lo mismo. Si no hubiéramos devuelto la bolsa -la cual a su vez el cívico conductor, en vez de quedársela, entregó en Objetos Perdidos-, el dueño de ese objeto habría quedado fatal ante la otra persona, cosa que, debido a nuestra primera decisión, ya no ocurrirá: de nuestro gesto ha dependido el enfado o la alegría de un desconocido remoto. Y de su humor de aquel día dependerán, igualmente, en cascada fractal, muchas otras cosas que nunca sabremos.Pero rebobinemos y veamos el proceso de más cerca. Ya en la primera bifurcación, justo en el momento de decidir tomar el autobús, pasaba junto a nosotros un taxi libre que hemos estado muy a punto de coger, cambiando en el último instante de idea. Si hubiéramos tomado el taxi en vez del autobús, se habrían dado a su vez una serie de otras circunstancias (dependientes cada una de la anterior
y ahí está lo interesante) que habrían hecho que, por la noche, en lugar de interesarnos por los fractales a raíz de ese diario del vecino de asiento, quizá hubiéramos acabado yendo al teatro (pues en el asiento de ese taxi alguien habría dejado olvidado un sobre conteniendo dos entradas... y quizá -es una hipótesis- en esa ocasión habríamos optado por quedárnoslas en vez de devolverlas como la bolsa del autobús), o yendo a una cena con amigos en la cual alguien habría hablado de dónde piensa ir de vacaciones, lugar que nos habríamos anotado para algún viaje nuestro, y una vez ahí… etc. etc. O en esa cena de amigos podría haber tenido lugar una pequeña discusión que nos habría dificultado el sueño, con lo cual quizá al día siguiente habríamos llegado tarde al trabajo y... etc. etc.
Es decir, en el caso que hemos elegido (o que nos ha elegido a nosotros) sabremos un poco sobre fractales, y en otro quizá acabemos comprando un billete para un lugar remoto donde viajaremos el próximo año, lugar que, debido a una banalidad, ahora mismo es improbable que vayamos nunca.
Esto es un "zoom" solamente de la primera bifurcación, y así podríamos hacer con todas esas pequeñas decisiones del día, la consecuencia final de una de las cuales a la que no prestamos ninguna atención en su momento, aún desconocemos. Si miran hacia atrás en el tiempo, se darán cuenta de cuántas ramas elegidas -y descartadas- les han llevado a trabajar donde trabajan, a convivir con quien conviven, a llevar una camisa de ese color y no de otro, etc.
O a estar leyendo esto ahora mismo, pues internet es otro inmenso árbol donde elegimos constantemente, en una serie sucesiva de clics. Piensen, sino, qué les ha traído hasta este post, cuántos clics han hecho para estar leyendo este texto en este mismo instante, en vez de estar enterándose de otras cosas seguramente más provechosas que, sin darse cuenta apenas, han descartado pues, para haber llegado hasta aquí, es seguro que en algún momento han debido elegir un clic en vez de otro (o simplemente no hacer ninguno e irse de rebajas). El destino, si se mira así, también está en los clics.
¿Significa por esto que estaba usted predestinado a leer esto ahora mismo? No lo creo, sino más bien que había 1000 posibilidades y su teórico libre albedrío es el que ha elegido trepar por un destino de tantos y descartar los otros 999.

Por cierto, que este texto no habría sido escrito si, a mi vez, no hubiera hecho un clic determinante hace varios años -uno sin ninguna relevancia aparente en aquel momento- y, también, si hoy hubiera decidido ir a la playa en vez de quedarme a escribir. Quién sabe qué me he perdido en este descarte de hoy.
O ganado.

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Película recomendada: "Dos vidas en un instante
", de Peter Howitt.

27/7/09 12:03 Condo-RZet dijo...

Ergo, bellísimo.

14/8/09 13:37
dandax dijo...

Genial el post, y por aquí va también algo de lo que estabamos hablando antes en el blog de Paco. La primera bifurcación sería entre hacer algo o no hacer nada. Mientras no se hace nada permanecen abiertas todas las posibilidades de la situación, o sea, una mayor complejidad del contexto. En el momento en que se actúa y se hace un descarte, esta complejidad previa se reduce, hay conexiones/decisiones que ya no son posibles (aunque quizá se abra otra, no se si más reducida). Es a lo que me refería como la acción como un factor de reducción de la complejidad, aunque desde otra perspectiva, desde los sucesivos puntos de llegada (creo).

27/8/09 23:47
Anónimo dijo...

He encontrado tu "blog" buscando aspectos de la realidad fractal, el artículo que incluyes es muy interesante, he leído otro de los últimos que has colgado, acerca de los sentidos y la razón y creo que compartimos inquietudes y temas.
Tenemos un blog que está comenzando con algunos temas similares, te dejo el enlace por si quieres visitarlo o mejor dejar alguna reflexión.
Un saludo
Gonzalo
http://www.latabernadelpelicano.com/

10/9/09 23:45
maistro dijo...

Me gustó mucho este post... saludos
26/3/10 19:32