06 diciembre 2009

El mito de lo natural


Desde los primeros escarceos de la vorágine que podríamos llamar de la “vuelta a lo natural” que posiblemente se fraguara ya en los años 70 desde la comunidad hippy y pasara por este “boom” actual apologístico de todo lo natural, ha llovido mucho. Lo natural hoy día sigue vendiendo mucho. Cualquier dependienta de una perfumería le esgrimirá como argumento irrefutable, que este o aquel maquillaje queda "como muy natural”, por el mismo motivo por el que millones de personas creen que tomar plantas medicinales, por ser “natural”, es inocuo. Hay que comenzar a enderezar ciertas creencias sobre “lo natural”, empezando por plantearse si vale la pena invertir 40 euros en un botecito de un maquillaje que, de tan natural, como dice su publicidad, “parece que no lleves nada”. Y –digo yo- si después de todo ha de parecer que no se lleva nada, ¿para qué gastarse 40 eur?... En la industria de la moda, casi siempre el reclamo es "este otoño vienen los colores naturales". Bueno, ¿es que hay algún color que no esté en la naturaleza? Nos hemos descarriado un poco en esa vorágine de lo natural a la cual se apuntan modistos, vendedores de pisos, fabricantes de cosméticos, de alimentación, etc. Por ello apunto aquí un par de ideas que nos devuelvan un poco la sensatez y al buen juicio. Ante todo, “natural” no es siempre sinónimo de “bueno”. Si no me creen, prueben una ensalada de amanitas phalloides, que son naturales como la vida misma, y luego me cuentan qué tal les ha sentado (no creo que me lo puedan contar, era un decir). Vomitar también es muy natural, pero no por ello vamos haciéndolo en público. Al igual que ocurre con otros conceptos, hay tal confusión con el de qué es ser natural, tal abuso, que el otro día quedé perpleja ante uno de esos anuncios publicitarios en TV, uno de tantos dentro del tradicional bombardeo prenavideño de juguetes para niños. Una muñeca llamada Moxy permite que se le tiña (pinte) su cabellera de varios colores. El anuncio muestra la sesión de maquillaje de cabello y todos los adornos pensables en la cabeza de una muñeca. Mi perplejidad llegó cuando, en el final de la cuña, la frase rematadora es: “¡Sé auténtica, sé tu misma!” ¿Qué entenderá ese fabricante por ser “auténtico”, o bien, qué pretenderá que entiendan las niñas por ser “auténticas”?En la ribera opuesta de las falacias, en este caso en la ribera de los prejuicios anti-naturalismo, están los que argumentan que las plantas medicinales son “muy lentas”. ¿Habrán fumado nunca un porro esas personas?... La sencilla tila (cito de experiencia propia) puede hacer descender la presión arterial varios miligramos en apenas quince minutos. Dejarse engatusar por unos y por otros es acabar hablando por boca de ganso. Como rezaba en el templo de Delfos, “Nada en exceso”. La Verdad no suele ser amiga de los extremos y por ello tampoco parece muy sano dejar que nos vendan ni el uno ni el otro. Duden de todo cuando se esgrima por lucro o por ignorancia y, si quieren ser "naturales" de verdad, no se pongan maquillaje de ningún tipo.
(de mi muro en Facebook)