26 febrero 2007

Instante ido


En el mismo instante en que un aldeano extremeño apuñala a su sexagenaria esposa, un agente de la bolsa de Tokyo está celebrando con champán francés una inversión afortunada. Y, también en ese preciso instante -ahí está la magia-, mientras un bebé muere en una aldea de Namibia con su pequeño rostro inundado de moscas, una pareja de Bonn discute en un barrio marginal, una marquesa italiana en desuso contempla su foto de otros tiempos, un niño de ojos verdes tropieza con un sarmiento en la Borgogna, un nepalí azuza un yak de caderas lentas bajo una lluvia sorda, una limpiadora inmigrante escurre una fregona en un pasillo del palacio de Buckingham, un funcionario hipertenso recibe un diagnóstico improrrogable en un hospital de Boston, una vedette se desmaquilla en su camerino de Sydney, un antropólogo checo comprende algo asombroso cerca de Nazca, un estudiante de Singapur busca su nombre en la lista del último exámen, una lagartija siente hambre en la inhabitada isla de Dilos, una prostituta espera ser elegida en un callejón de Puerto Príncipe, tú lees esto y nace una supernova más.

Y, aunque todo suceda en el mismo y exacto instante, nada de esto es realmente importante porque nada le importa casi nada a la infinitud. Única es solamente su combinación irrepetible y frágil, que ya es inapresable y no se volverá a producir jamás.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Bellísimo! Pues como dices, "nada es realmente importante", simplemente es y es y es infinitamente y a la vez en cualquier lugar que ni siquiera podamos imaginar.
Un abrazo!
Francisca