27 septiembre 2007

Somos Voz


Tiene razón la filosofía oriental y la mente es una pura trampa decodificadora de ilusiones (Maya) cuya función parecería ser la de engañarnos las veinticuatro horas del día: una embaucadora que percibe comisión en función del número de mentiras que nos cuela. Su cháchara diurna nos impide -lista ella- que caigamos en la cuenta de algo elemental, cruel como la vida misma: somos un conglomerado de vacío. Somos una escalera jerárquica que va del órgano al átomo pasando por la célula pero nunca pensamos en ello: no nos es indispensable para perseguir eso que llamamos calidad de vida. Parece inconcebible no ser consciente de ello cuando gracias a estas mismas células (las de la retina, por ejemplo) es que podemos estar leyendo esto. Si cada átomo que nos conforma tuviera el tamaño de la cúpula de San Pedro, su núcleo sería tan pequeño como un granito de sal (basta consultar cualquier fuente seria al respecto). Esta es la realidad y no otra: somos una masa formada por vacíos y ondas, por partículas moviéndose en nuestro interior a la velocidad de más de quinientos km por segundo en eterna búsqueda de homeostasis. Los expertos lo resumen así: todo es información y energía.

Y la energía cabalga por el vacío (nosotros) en forma de onda porque no existe otro corcel a su disposición. Hasta aquí la realidad concebible por esta operativa fantástica, esta inmensa metáfora que es la mente, enredadora de entuertos y decodificadora de señales.

Uno de los milagros de la energía es convertirse en voz cuando una serie de átomos de oxígeno y carbono, debidamente amistados, deciden volver al exterior obligados por el diafragma, tras cruzar una red de vericuetos, entre otros una compuerta de tejido muscular llamada cuerdas vocales. Son parecidas a la puerta de la efigie que traspasó Atreyu en La Historia Interminable. Cruzada ya la efigie, el aire sigue su camino transmutado ya en risa, en celebración o en susurro al oído, pero no tendría identidad si no hubiera algo al otro lado: el que oye.

Ahí está el milagro: la voz es única, intransferible: es el yo hecho sonido, salida directamente de las catacumbas del alma, del centro de los centros. Hay voces cantarinas, voces grises y rasgadas por el dolor o la angustia, otras coloridas como un prado en primavera, otras como la lluvia sobre un lago. Pero todas son ondas que nos llegan y que una parte de nosotros, el yo oyente, recibe y encaja y reacciona debidamente. Porque se trata de dejar penetrarse por la más genuina esencia del otro, de ser el honrado receptor de su yo transformado en sonido: el vacío que somos también como oyente se llena de cantos, de armónicos, de palabras que nunca lo dicen todo. Porque la voz también sabe callar y a veces lo no dicho es el mejor sonido. Ahí radica el otro lado de su milagro.

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8 comentarios:

Verdurin dijo...

La voz es lo real, eso irreductible que no puede convertirse en categoria, en abstracción. Un resto inclasificable que procede "de la cosa en si" pero no es la cosa en si, sino su oquedad. Un inefable que queda sin simbolizar y que aun procediendo de la realidad no existe, solo suena.

Ana di Zacco dijo...

Inefable, sí. "Inaudible, impalpable, sin forma... Al percibir eso uno queda liberado de las fauces de la muerte" (Katha Upanishad, 3.15)

Zifnab dijo...

Tengo la tentación de estar de acuerdo y sin embargo

Cuando me decían en el instituto que Platon juraba y perjuraba que viviamos en el mundo de las apariencias yo me enfurruñaba y preguntaba. Vale, y si todo es mentira cual es la verdad. Hace poco llegué a creer que la única verdad era yo, pero ni por esas, también se diluyó.

Pero es que además es la voz la mensajera de las mentiras y siendo cierto que viene de nuestro yo más íntimo, una voz engaña y lo que resulta aún más desconsolador, una voz jamás puede llegar a decir toda la verdad (quizás cuando gime, cuando llora o cuando tiene un orgasmo, pero n ningun caso con la palabra

No se. Me he puesto trascendente. Pero estoy nervioso. Será eso

Se feliz

Ana di Zacco dijo...

Pues relájese, Zifnab, que los blogs están para relajarse.
PS: Sí, imagino que el alarido orgásmico o los gritos de dolor son lo más genuino que sabemos decir, aunque los hay que ni ahí dicen ni pío (esos ejemplares siempre me han asombrado).

Escriptorum54 dijo...

Oxígeno y carbono ...
que ambos elementos puedan producir uno de los fenómenos más subyugantes de la naturaleza, desde mi punto de vista, claro está, me deja maravillada-

La voz que emociona, trastorna, seduce ....

Un beso cantarín

Ana di Zacco dijo...

Quizá cuando la voz además seduce sea porque vibra exactamente armónica con aquellos secretos desconocidos incluso para nosotros mismos, despertándolos de su letargo. Y la palabra entonces es lo de menos.

JeJo dijo...

A veces cuando hablamos de escuchar decimos " sentir " ...
Sentimos la voz del otro, a veces, no sólo con los oidos, la sentimos con el corazón o con el alma ... o sube hasta el cerebro y explota e ilumina.
He ahí el milagro.



En cuanto a el solipsista te contesté por allá.
Saludos ...

Ana di Zacco dijo...

Sí, lo has expresado estupendamente, Jejo: la voz del otro se siente dentro, no fuera. Y a veces explota e ilumina, sí.