11 noviembre 2008

Un cuerpo, un universo, un Todo

"Como es arriba, así es abajo" (Hermes Trismégisto)

"Destino y vida de leones quiere la leonidad que, considerada en el tiempo, es un león inmortal que se mantiene mediante la infinita reposición de los individuos, cuya generación y cuya muerte forman el pulso de esa imperecedera figura."  (A. Schopenhauer)

En “Sincrodestino”, Deepak Chopra, presidente de la Alianza para la Nueva Humanidad, pone el ejemplo de una bandada de peces como ejemplo de entidades integradas que, aunque aparentemente conformada por distintas individualidades, en realidad se trata de un todo trenzado que actúa sincronizado.
Viendo esas bandadas de pájaros o de peces, es raro no preguntarse cómo sabe el del extremo opuesto cuándo y hacia dónde virar exactamente, si no es mediante unos hilos invisibles a nuestra vista. Que nuestros limitados ojos no puedan percibir esas conexiones ¿significa que no existen? ¡Oh, qué necios y orgullosos somos sacando esas conclusiones automáticas! No verlos no significa a priori que no existan: el simple sentido común ya advierte de que, si algo no les mantuviera coordinados, chocarían entre sí (si llegan hasta el final, les prometo unas imágenes asombrosas).
La autora de este blog tiene hace muchos años la borrosa intuición de que el universo entero es un cuerpo, un soma integrado, y las personas una especie de células (unos serían adipocitos, otros células epiteliales, otras oligodendrocitos, etc., pero cada una de ellas con un lugar específico que ocupar en este gigantesco puzzle). Para muchos de nosotros es evidente que todo en el universo parece estar coordinado, sincronizado (mariposas, tsunamis) aún a través de conexiones que nuestros sentidos no siempre perciben. De hecho, la principal característica de los llamados "sistemas complejos" (de los que la autora de esto sabe poquísimo) es que es precisamente en esta conexión entre sus elementos donde radica su riqueza invisible y la cual hace que no puedan cuantificarse simplemente por la suma de sus partes.
Así, fenómenos como el electromagnetismo o el aura humana pasaron, de ser creencias diabólicas condenables por la hoguera, a ser absorbidos uno a uno por la empiria científica gracias a Maxwell o al matrimonio Kirlian, inventor de la cámara del mismo nombre. Los meridianos de acupuntura no podían ser testados, ni medida la resistencia eléctrica en los puntos de reflexoterpia podal hasta que la ciencia no inventó los correspondientes métodos de medición que dejó satisfecha a una parte de la comunidad racional. Gracias a todo ello, hoy puede hablarse ya de los chakras -vórtices energéticos si prefieren- que los yoguis conocían hace más de mil años sin ser llevado a la hoguera por los inquisidores del siglo XXI que siguen empeñados en pensar que los meridianos de la acupuntura son una aberración. De reticentes siempre los ha habido, pero este blog no va dirigido a ellos sino a cuantos intuyen que había de llegar el día en que la madre Ciencia pudiera manejar, sin pudor y sin peligrar la integridad de los más osados, conceptos antaño mágicos como p.e. el de la energía.
No se extrañen si en los próximos años oyen hablar cada vez más p.e. de la Medicina del Alma, de la Sintergética, de la psiconeuroinmunología, y de cuantas disciplinas “osadas” han dejado su piel no descansando hasta ver la primera luz en el más grande de los misterios humanos: porqué enfermamos, porqué sufrimos.
Ahora resulta que todo el mundo “eso ya lo sabía”, pero ahora al menos ya no nos llevan a la hoguera a cuantos siempre hemos intuido que tras un vulgar resfriado siempre hay una explicación más completa que ese popular “bajón de defensas” del que todos hablan con cara de entendidos sin saber exactamente muy bien de qué se trata. Ahora, afortunadamente, ya se conoce el porqué tras el ataque de un virus (¡esos entes tan inteligentes!) hay “algo” que ha alterado nuestra resistencia, un algo que puede ser tan banal como una discusión en la cola de un supermercado siempre que ese "algo" haya afectado a nuestra emocionalidad por una razón u otra. O porqué algunas personas pueden pasarse meses entre infectados sin resultar contagiados ellos mismos.
Ellos –los buenos científicos, los de espíritu abierto y sobre todo humilde- también lo intuían pero han debido poner paciencia unos siglos hasta que esas primeras intuiciones se han visto publicadas en forma de estudios en fuentes que ampararan públicamente un cúmulo de estadísticas e informes del que ya es insensato renegar.
Fue en los noventa cuando Suzanne y David Felten (Univ. de Rochester)(1), estudiando la conexiones entre las células nerviosas y los linfocitos, descubrieron cómo y de qué manera eso tan intangible del estado anímico incidía en algo tan tangible como el soma, el cuerpo: se había abierto por fín la compuerta por la que terminaría reconciliándose una mente y un cuerpo que el cartesianismo nos había legado, no como elementos complementarios de una totalidad, sino como un par de estructuras paralelas que jamás podían tocarse ni explicarse mútuamente. Ahora no sólo se sabe que es exactamente lo contrario, sino que los más escépticos pueden hallar una gran cantidad de documentación al respecto. Lo inmunitario tomó el relevo para ayudar a explicar los grandes misterios de la salud como una especie de Hermes que iba repartiendo mensajes por aquí y por allá entre las múltiples entidades divinas que conforman nuestra identidad. Y así se supo, de paso, que el cuerpo es, efectivamente, una totalidad integrada del cual cada una de sus millones de células tiene su sitio en el universo.
¿Un universo hecho de universos hechos de universos?... Eso sería fractalidad, y si les interesa miren en la Wikipedia, porque sería otro tema y este post ha llegado a su fín. Pero para terminar, les invito a echar una ojeada a una explicación muy sencilla de la fascinante teoría de un universo holográfico -->aquí<--


Espectaculares imágenes de una nube de pájaros en estos videos:







(1) "A mediados de los 70 el psicólogo Robert Ader en la universidad de Rochester descubrió que el sistema inmune podía ser condicionado clásicamente al estilo Pavloviano: diseñó junto al inmunólogo David Felten una serie de experimentos que confirmaron este hallazgo, junto a ellos, y tratando de encontrar cuales eran las vías de comunicación entre el sistema nervioso y el sistema inmune, la neuróloga Suzanne Felten, con la ayuda de la microscopia electrónica, pudo comprobar la existencia de sinapsis entre neuronas y células inmunitarias (linfocito)." http://www.saludverde.com/Tratamiento%20natural%20de%20las%20enfermedades%20Autoinmunes.pdf
(fuente: http://neuropsicoinmunologia.blogspot.com)



Actualización, 4 jun 2011: http://www.brucelipton.com/files/la_inteligencia_de_las_celulas.pdf (gracias, Paco M.)

Actualización, 22 may 2012: Otro video magnífico sobre esto, los sistemas autoorganizados y los mercados: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=I9pA11RzGms
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