29 enero 2008

Ubicuidad del Yo

"Cuando a uno le cortan la cabeza no le decapitan, sino que le decorporan" (Rodolfo Llinás, neurofisiólogo)

"..sentí primero que tenía una cabeza, manos, pies, y todos los demás miembros de que está compuesto este cuerpo que yo consideraba como una parte de mí mismo, y hasta acaso como el todo."
(René Descartes)


Cuando se piensa que, en aproximadamente siete u ocho años, de todos esos millones de células que nos componen ya no queda ni una sola, acomete un leve vértigo. Si ni uno solo de todos esos ladrillos materiales que nos conforman en el instante de leer esto no existían hace ocho años, ¿entonces quiénes somos ahora? Dicen los expertos que somos energía e información. Que todo es energía e información.
Dice Antonio Damasio: “la representación de los estados viscerales por una parte, y la de miembros, tronco y componenles craneanos del aparato musculoesquelético por otra, configuran un mapa dinámico coordinado.” (Damasio, A., El error de Descartes).
Cuando miramos nuestra mano, nuestra rodilla o el ombligo, tenemos la percepción de que esa mano, rodilla u ombligo son nuestros, algo que “queda por ahí abajo” que nos pertenece (¿a quién?). Decimos “mi mano” como decimos “mi casa” y no como algo que es tan Yo como el cerebro que las percibe. Tenemos la sensación de que el Yo que mira esa mano es el dueño de esa mano (“mi mano”) y del resto del cuerpo, de que existe una relación poseedor (cerebro)-posesión (el resto), de que la mayor parte del cuerpo pertenece a otra mucho más pequeña pero que consume la cuarta parte del O2 que inhalamos y la quinta parte de la glucosa... Repetimos: ¿de quién es esa mano, ese tendón o uña? El alma está en la pineal (Descartes dixit) pero todas, absolutamente todas las células son Yo, incluidas las que piensan “mi mano”. Cierto que ellas están “ahí arriba” pero ¿les da su ubicación derecho a constituirse en poseedor más que en poseído? Si cierran ustedes los ojos se sentirán “situados” ahí arriba como en lo alto de un faro y, sin embargo, su cuarta vértebra lumbar es tan Yo como ese que lo piensa. Quizá ahí esté la clave de la confusión. Y quizá una vía para deshacer la confusión esté en las últimas sospechas de la ciencia en el sentido de que, posiblemente, todas y cada una de nuestras células incorporen la conciencia según un modelo holográfico, de que sean una especie de filial de la mente.
La pregunta sería: si el cerebro estuviera situado en el tendón rotuliano, ¿"veríamos" el resto de nuestro yo corpóreo desde las rodillas? Si, por azar, la centralita pensante estuviera ubicada en las manos o los riñones en vez de dentro del cráneo, ¿pensarían ellos “ese cerebro de ahí arriba es nuestro”? Si esa mano es mía, si esa nariz es mía y si ese hipotálamo también es mío, ¿dónde está el dueño de todo eso? ¿Dónde se agazapa el propietario?
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7 comentarios:

Dédalus dijo...

Francamente impresionado por tus revelaciones, estoy mirando mis dedos corretear sobre el teclado y no puedo evitar temer que, según las teorías que manejas, un día se me amotinen. ¡Dios Santo! Qué no harán mis propias manos, mis pies, mi trasero (¡yo qué sé!), si en cada uno de ellos se instala una pequeña sucursal de ese cerebro límbico que, a duras penas, desde mi corteza controlo. Eso, qué:
¿Se comportarían mis pies como los de un inmundo reptil? ¿Pelearían mis puños contra mis pómulos, hasta dejarme los ojos en compota? ¿Y estos, hacia donde mirarían en su retinoideo festival de conos y bastones, jugando a integrar un absurdo de abstractas policromías?...
Ahora pienso en mi memoria: ¿A qué ignotos mundos me transportaría, la muy puñetera, de poder hilvanar a su antojo mis recuerdos? Buf!

Mejor, Anna, dejo de pensar. No sea que ese relevo celular que, cada ocho años, se viene produciendo en mí con relativas calma y corrección, comienceo au alteirarshe y endoncets ag kuev fiksgtoe gcb hcovj.wit2**¨]i¡1'//jbñc ,

paco dijo...

Has tocado un tema que curiosamente andaba pensando hoy y que se podria plantear del siguiente modo ¿están todos mis organos dentro de mi cuerpo? Existen organos que aun siendo cuerpo están por ahi afuera como colgantes, los dedos, los genitales, la nariz ,el cabello o las uñas son mi cuerpo y están vinculados a él pero ¿mantenemos con esos organos la misma relación que con nuestro riñon?
Freud escribió un articulo al que llamó "lenguaje de organo" para ilustrar el caso de una esquizofrenica que hablaba a través de su ojo. Hoy se suele decir que el loco es una centralita de telefonos sin telefono, eso es precisamente el cerebro, un nudo de comunicaciones que carece de receptores propios para sentirse a si mismo. Hay mucha gente que tiene esa misma sensación de que necesita atar, amarrar, anudar su cuerpo: las cintas en pelo, los piercings o las ataduras sirven para eso: evitar que el cuerpo se desmembre y se caiga hecho pedazos.

neurotransmisores dijo...

Tenemos el instinto de propiedad metido en nuestras cabezas. Yo, Yo... Mío, Mio....

Ana di Zacco dijo...

El otro día en un taller de yoga, se intentaba precisamente visualizar (o mejor, "sentir") la hipófisis. Yo recordaba mi post sobre ella, visualizarla ayuda, y pensaba en esto que tú dices: ¿qué relación tenemos exactamente con "nuestros" órganos? (creí que eso se llamaba técnicamente introcepción).
De los dedos, cuando lo aprendí, lo que más me llamó la atención es que no se forman por aposición sino por deducción (que en el embrión se forman por la muerte de los espacios de enmedio). De los genitales, justamente en el caso del macho de algunas especies lo que me parece encantador es precisamente que sean apéndices, que estén fuera del cuerpo, visibles y lucidos con esplendor aunque se deba a una razón de temperatura. Os da cierto encanto, o eso me parece a mí. Tema para otro post:)

Julio Avendaño dijo...

Sólo puedo decir que me resulta delicioso leerte mientras espero la llegada de la luna nueva. Lo siento, pero me es muy difícil abandonar la primera persona del singular, incluso cuando me la cuestionan o me la cuestiono.

A veces parece más una tradición heredada e inevitable que un aspecto real de la existencia humana. Ese Yo del que hablas y que nunca llegamos a conocer en su totalidad, mucho menos a dominarlo (¿quién domina al Yo, el SúperYo? ¿Y quién es el dueño del SúperYo, entonces?), nos acompaña y hasta nos conforma durante toda nuestra existencia (cuerpo incluido) y es casi la única referencia concreta que tenemos para explicar lo que queremos y necesitamos (¿realmente necesitamos?) comprender de nosotros mismos...

Gracias por el exquisito momento, voy a seguir esperando la llegada de mi luna nueva.

Salú.

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Carz dijo...

El yo radica, seguramente, en la cultura. Si a un ser humano se le privara de esa parte que nos conforma, probablemente no tendría ni idea de que es. Tampoco de qué es.

La cultura nos conforma y nos limita. Algunos consiguen aprovechar esa conformación y evitar en mayor medida esa limitación: les llaman genios. También asesinos.

Saludos.

Arturo Goicoechea dijo...

He releído el artículo con sosiego y me parece espléndido. No tengo mucho que comentar. La función del YO es engañosa si no la pensamos. Si lo hacemos nos desbordan las perplejidades.
Únicamente señalar que el cerebro acopla una percepción del mundo egocéntrica que, a su vez, se construye desde un segmento corporal variable (mano, ojo, nariz, cabeza, pie...)y otra alocéntrica en la que los objetos interaccionan entre ellos, se vuelven sujetos, y nos ofrecen sus potencialidades.
Reitero mi felicitación