05 agosto 2007

¿Fusión imposible?

Al final de Desnudez se lee “en el campo de la materia la fusión es poco menos que imposible.”. Se aporta ahora algo de última hora que documenta un posible error: procedemos de un gigantesco, siniestro, choque de opuestos: de la continuidad en sangrienta batalla con la discontinuidad. Y todo en un instante. Me explicaré.
Antes de ser, de alguna manera fuimos dos gametos (las células materna y paterna que estallaron en el espasmo de nuestra existencia). Esos entes -no por pequeñitos despreciables- se lanzaron de cabeza a la piscina insondable de su propia muerte, de su autodestrucción, decidiendo dejar de existir como entes para pasar a convertirse en un ensamblaje: nuestro yo primigenio, ese/a que no podemos recordar por lejano en el tiempo y en el tamaño pero que, lo recordemos o no, sin lugar a dudas fuimos, un ser minúsculo que ronda perdido en nuestra memoria. La muerte de nuestros padres celulares, de nuestra materia prima, consistió precisamente en una muerte por fusión de dos (sin duda una fusión material), una fusión a la que se abocaron sabiendo que significaba su fin como individuos independientes (un fin para siempre, aunque suene tétrico) y ese fin se convirtió en nuestro principio solapándose ambos en un instante mágico e irrepetible. Ergo, en lo material existe una fusión posible, y no sólo existe sino que, si no se hubiera dado, no estaríamos ahora aquí leyendo o escribiendo en un blog: el principio implicó también un dramático final.
Eso es quizá lo que recordamos sin recordar, lo que fluye en nuestra insoportable nostalgia de la unidad: fue una mortal fusión lo que nos puso aquí. ¿Será esta la culpa que llevamos impresa tan adentro?

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