01 septiembre 2007

La dura vida de la Pituitaria o Hipófisis

"La célula es la unidad de conciencia más pequeña del cuerpo"
(Candace Pert)

-¡Diga! -dice Pitu tomando uno de los dieciocho teléfonos que hay sobre su gran mesa de caoba, mientras suenan otros cuatro y mientras, con la otra mano, pulsa varios botones de diferentes consolas llenas de interruptores, visores, y conmutadores. 

-¿Pitu? -dice una voz conocida al otro lado del hilo.
-¿Qué pasa, Supra? Oye, lo que sea abrevia, que tengo cuarenta mil llamadas a la vez.
-Ya, como siempre -suspira Supra-. Pues nada, al grano: he recibido el pedido de corticotropina y te has pasado, chata, no había pedido tanta.
-¿Y qué? -responde mecánicamente Pitu, que en realidad conoce la respuesta pero en aquel momento está concentrada controlando una pantallita líquida con la etiqueta “Ca-P levels”.
-¿Cómo que y qué? -dice la voz de Supra al otro lado-. ¡Pues que se me ha descontrolado el cortisol, leches, y el sujeto se me ha puesto nervioso sin motivo aparente!
-Ah, pues nada, devuélveme la mitad por Hemo-express y santas pascuas... Oye, hablamos luego, que me llama la Tiro, chao.
Cuelga y descuelga otro auricular mientras dos de los anteriores aparatos han dejado de sonar pero han comenzado a sonar otros tres. El jaleo es increible pero Pitu está habituada.
-Tiro, sí, te había llamado yo, ¿cómo vas con la producción de té-ese-cuatro?
-Por ahora bien -le contesta la voz- y aún me queda tirotrofina para un par de horas. Cualquier cosa te aviso, preciosa.
-Vale, ché.
Suena otro ring y, en otra parte, un zumbido y tres timbrazos más. “Esta Tiro es un encanto” piensa, “va siempre al grano y no me entretiene, se nota que entiende lo estresada que voy”.
-¿Diga? Ah, eres tú, Gónada. Oye, un momento, que tengo otra llamada más urgente.
-¿Más urgente que yo? Siempre estamos igual -se queja la Gónada.
“Esta en cambio se cree que es la reina del mambo” piensa Pitu.
-Pues claro, el jefe es el jefe, no te fastidia. Dime, Hipo -contesta Pitu mientras mantiene el primer auricular contra el pecho.
-Oye, Pitu, que el riñón ya me lleva varias quejas hoy. ¿Qué has hecho de la vasopresina que te mandé hace cinco minutos?
-Pues no sé qué habrá pasado, jefe, ahora lo soluciono… Es que he tenido un lío con… Da igual -se disculpa Pitu, pero el otro ha colgado ya. Pitu resopla. Estos días está algo distraída, es cierto.
-¿Estás ahí, Pitu? -reclama la voz enlatada de la Gónada-. Oye, que me sobra prolactina y mi sujeto tiene otra erección, ¿qué hago?
-Pues nada, chata, polvo al canto para el sujeto y felices sueños.
-¡Es que hoy ya lleva siete, Pituuuu!
-Oye, pues que se ponga hojas. ¡Cosas más importantes tengo yo que hacer, que tengo un día que no veas!
-Vale, vale… -suspira la Gónada antes de colgar.
Pitu revisa el visor del nivel de calcio y fósforo de nuevo. Chasquea la lengua y pulsa un botón en otro teléfono mientras suena otro distinto. “Qué día”, piensa, “debe ser la luna llena”.
-Paratiro, ¿qué pasa por ahí abajo? Te veo un poco descontrolada.
-Sí, jefa, ahora voy, es que… -se excusa la voz.
-Oye, si tienes algún problema me lo dices, que aquellas dicen que luego las membranas salen como salen, que parecen del Todo-a-cien y me pierden potasio que no veas. Y no quiero más huelgas ni malos rollos.
-Vale, vale, tranquila, ahora lo arreglo -dice Paratiro algo avergonzada.
-Que sea la última vez.
Pitu cuelga algo bruscamente, satisfecha de su tono de autoridad, y se seca el sudor de la frente con un kleenex en uno de los pocos breves momentos en que, milagrosamente, no está sonando ningún teléfono. Tiene el tiempo justo para pensar “¡Qué harían todos esos chicos sin mí!”. Efectivamente, enseguida vuelven a sonar unos cuantos rings, casi a coro.
“¡La próxima vez me pido la plaza de estómago, este al menos descansa un rato de noche!”, piensa antes de coger la siguiente llamada.
-Diga. 
-Pitu, oye, soy yo, el fundus gástrico… Oye, que ya sé que no puedes hacer mucho por mí, pero es que la Vesi no para de comunicar y necesitaba desahogarme, ya me comprendes, y es que estoy que trino porque este tío para cenar se ha zampado una fideuá, rost-beef con puré, más de medio litro de rosado con gaseosa, y por si fuera poco un flan con…
-No te preocupes, hombre... -le dice Pitu en tono consolador- pero si quieres un consejo, mándaselo todo enseguida al duodeno tal cual está... Sí, sí, el flan también, que me parece que esta noche el sujeto necesita energía como sea... De nada, hombre... No, no, ya sabes, para eso estamos los amigos. 
Y así todo el día, la pobre, y encima nadie se lo agradece.
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1/9/07 20:48
quantum dijo...

Vengo del viaje espacial que nos regalas en tu post anterior, sentido/no sentido de la vida incluido, y me encuentro con el casi inabarcable universo interior que, en gran medida coordina Pitu(qué maja ella). Y nosotros sin controlar ni lo de fuera ni lo de dentro.
Magnífico lo que nos das, en tus trozos (ya te lo he escrito antes) de tanto.
Abrazo, Ana.

2/9/07 00:16
Ana di Zacco dijo...

Sí, la Pitu es muy buena tronca. Y como se despiste un momento la hemos pringado :)
La mía me da recuerdos para la tuya, me está diciendo.
2/9/07 14:52