04 marzo 2007

El campesino holográfico


Cada año en la misma fecha, en plena canícula, un campesino ya entrado en años, de piel curtida como el cuero, se traslada con su hijo a un cerro próximo al pueblo y se instalan ambos allá durante doce días. Durante esos días escrutarán el cielo sin apenas pausa, turnándose para descansar, y registrarán cada pequeña modificación que para cualquier otro observador pasaría por irrelevante: de las nubes sus caprichosas y volubles formas, sus serenos juegos de seducción o evitación; de los vientos que las empujan por senderos invisibles escudriñarán su intensidad azarosa y su sentido, la duración de su variable lamento o incluso del tono y ritmo de sus silencios; de las estrellas observarán con fijación sus guiños entre ellas, su danza lentísima, sus impasibles apariciones y desapariciones en el escenario negro. Todo ello quedará escrupulosamente anotado por manos rústicas en unas hojas de papel durante doce días. ¿Por qué lo hacen?
Lo hacen porque cada uno de esos doce días se corresponde a un mes y, por tanto, esos doce días a un año completo. Esa estancia vigilante en el cerro es traducida después al lenguaje del tiempo: la previsión meteorológica del año que comienza exactamente al iniciarse el treceavo día. Cada mínima oscilación de temperatura, humedad, cada imagen y sonido observado durante días quedará, pues, reflejado en el tiempo que espera a su comarca hasta el año siguiente. Dice el hombre haber aprendido el método de su abuelo, y él, a su vez, lo está enseñando ahora a su hijo. Y cuentan los más viejos lugareños que no recuerdan, desde que tienen memoria, ni un solo desacierto en esa rústica previsión meteorológica.
Si ello es así –y parece que es así, pues esto no es ficción sino verídico- nos enfrentamos una vez más a otro modelo holográfico: la foto de un año regalada por la naturaleza en apenas doce días, un obsequio para una cadena de iniciados que apenas saben leer, silvestres chamanes de la estepa castellana condenados por su destino a confeccionar para los suyos infalibles previsiones del tiempo a un año vista, gentes que desconocen la cuántica o la teoría holográfica y desconocerán muchas cosas importantes pero a quienes, sin embargo, les ha sido entregado el don de aparejar el cielo presente al cielo futuro. Y es que, a pesar de tanta ignorancia, saben que en el uno está el todo, saben que el alpha y el omega se muerden la cola, saben –sin haber viajado a Rusia- que dentro de una muñeca rusa siempre hay otra muñeca rusa idéntica pero más pequeña.

Nota del 140807: Una quincena de años después de haber oído hablar a ese hombre y meses después de publicar este post, es una alegría para mí haberlo encontrado en este amplio mundo de internet. Se llama Manuel Plaza, es de Mora (provincia de Toledo) y podéis leer más aquí sobre el método de las Cabañuelas.
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5 comentarios:

Zifnab dijo...

Hola señora

CFreo que debería fustigarme por no haberme pasado más veces por este sitio. Ya lo pensé con los acontecimientos que le suceden a distintas personas de este mundo en los diferentes lugares que lo publan. Hermosa la posibilidad de que sigan habiendo misterios

Supongo que ya habrás arreglado el problema, y que como siempre yo habré llegado tarde, pero poco te podía haber ayudado. Me oriento más o menos con los ordenadores pero siempre y cuando no profundicemos en los mismos. Desconozco completamente los entresijos de lenguajes informáticos, así que lo siento. En cualquier caso el resultado te ha quedado de lo más aparente, al menos en lo que aquí se refiere.

Se feliz

A. di Zacco dijo...

Mil gracias ahora desde aqui.
Se ha solventado el tema cambiando al Firefox, una maravilla, oye.
Ahora que se ha arreglado lo técnico, prometo continuar. Pero no te fustigues, o si lo haces que sea por algo más que un blog.
A seguir bien y gracias de nuevo.

Zifnab dijo...

Coño he acertado

No suele pasar, así que muy alegre me quedo

Siga siga

Es su obligación

A. di Zacco dijo...

Seguire en cuanto las musas vuelvan de vacaciones, que ultimamente con tanto vuelo a 9,99 euros ahora tanto me andan por aqui como por aculla.
Se te felicita por Solitos y algunos otros.

A. di Zacco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.