29 septiembre 2007

Tantra, el arte

El arte del tantra consiste, ante todo, en metabolizar la idea de que la mujer es Shakti. ¿Qué es Shakti? La diosa ancestral, la esposa cósmica de Shiva, la mujer en todas sus sílabas: la energía yin hecha cuerpo.

La parte masculina o yang debe haber digerido, a su vez, la idea de que él es la chispa (ver Él y ella en extinción) la única que puede poner en marcha el motor de Shakti. Kali es su contraparte oscura, igual que Innana de Ereshkigal (diosas sumerias) igual que Cástor y Polux. Y esto porque sí, porque existe el día y la noche, la luz y la oscuridad: si lo quieren en palabras más llanas, porque existen él y ella.

Y la fusión de ambos, el gran milagro, se llama -se puede llamar, si desean y para entendernos- orgasmo tántrico. Como todo lo inefable, y como dicen los expertos en tantra, “si no se ha experimentado es inútil hablar de ello”. Sería -si sirvieran las palabras- una especie de fuego que recorre el canal del shushma, hacia arriba, desde el primer chakra hasta el séptimo (aunque son más de siete), esa fuerza motriz que sublima lo sexual en creativo, la libido en iluminación: la sublimación asequible por unos momentos, como regalo de los dioses, a la sensorialidad pura.

Según Fritjof Capra (físico cuántico que intenta hacer inteligibles los paralelismos entre cuántica y mística oriental) intentar explicar lo inefable es intentar explicar la cuarta dimensión con nuestra mente limitada -por desgracia- a tres dimensiones (pueden encontrar una pista sobre dimensiones invisibles en -->este post<-- del blog "La Nodriza de las hadas y el Rey Carmesí") pero siempre será necesaria, eso sí, la destrucción de ciertas autopistas mentales, prejuicios y demás. Los requisitos eternos, cíclicos: construcción previa destrucción.

Libro recomendado de hoy: El Tao de la Física, de Fritjof Capra.

(Imagen: Shiva, dios de la creación y la destrucción, en su danza cósmica)


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