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12 noviembre 2007

Kyrie Eleison: la fusión de los contrarios

No es necesario tomar sustancias psicotrópicas para aumentar el radio de percepción a lo inefable, ubicarse en una perspectiva distinta de la cotidiana, enfocar la percepción desde otra altura y comprender lo incomprensible, convertirse en un hombro donde pueda sollozar un solo de saxo. No se trata de enajenación sino de un estiramiento de lo sensorial hasta reinos donde no impera la lógica, sólo la belleza y esa libertad de imaginación que la mayoría tenemos atrofiada.

Cerrando los ojos y escuchando esta pieza del Requiem puede verse por una rendija, casi tocarse, el forcejeo desesperado entre ella (coros femeninos) y él (coros masculinos), pongamos entre el cloro y el sodio. Es la danza espectacular del amor y la muerte (Eros y Thánatos otra vez), porque saben –de algún modo irracional lo saben- que deben morir para dar vida. Permaneciendo con los ojos cerrados (el motivo es técnico) se entra fácilmente en un juego testimonial: el viejo juego de lo femenino eludiendo, yendo y viniendo de modo pizpireto, negándose en un inicio a lo que se intuye inevitable, revoloteando por aquí y por allá, no dejándose apresar como es deber de la parte yin. No es fácil pero tampoco imposible escuchar en dividido, dividan su atención en dos partes iguales para dedicar a ellos y a ellas la mitad de su percepción, dejen que las manos se muevan si es preciso (una para ellas, la otra para ellos) para escenificar las dos trayectorias, y comprobarán qué fácil es entender ese otro lenguaje de dos átomos que quieren crear la sal pero saben que morirán en el intento, el drama infinito de la vida hecho melodía. Asistimos impotentes y enternecidos a la agonía amorosa de dos entidades que se atraen y se evitan a la vez, vemos (oimos claramente) a los contrarios abalanzándose gradualmente a la espiral fatídica de la que ya no saldrán y que les conduce poco a poco al acercamiento inevitable, y es inevitable pues el destino de la naturaleza es incontrolable. Es por ello que ellos y ellas (él y ella) acabarán rindiéndose al peligro y cayendo irremediablemente en la zona magnética de la que no hay escapatoria, la turbulencia que absorbe de modo fatal a los contrarios y que les arrastrará a lo que supimos desde el principio: al instante único y sublime de la fusión. Justo antes de ese definitivo orgasmo musical, si se toma aire a tiempo se supera algo mejor tanta belleza que cabe en el vertiginoso cumplimiento de lo fatídico, la muerte dadora de vida.


05 agosto 2007

¿Fusión imposible?

Al final de Desnudez se lee “en el campo de la materia la fusión es poco menos que imposible.”. Se aporta ahora algo de última hora que documenta un posible error: procedemos de un gigantesco, siniestro, choque de opuestos: de la continuidad en sangrienta batalla con la discontinuidad. Y todo en un instante. Me explicaré.
Antes de ser, de alguna manera fuimos dos gametos (las células materna y paterna que estallaron en el espasmo de nuestra existencia). Esos entes -no por pequeñitos despreciables- se lanzaron de cabeza a la piscina insondable de su propia muerte, de su autodestrucción, decidiendo dejar de existir como entes para pasar a convertirse en un ensamblaje: nuestro yo primigenio, ese/a que no podemos recordar por lejano en el tiempo y en el tamaño pero que, lo recordemos o no, sin lugar a dudas fuimos, un ser minúsculo que ronda perdido en nuestra memoria. La muerte de nuestros padres celulares, de nuestra materia prima, consistió precisamente en una muerte por fusión de dos (sin duda una fusión material), una fusión a la que se abocaron sabiendo que significaba su fin como individuos independientes (un fin para siempre, aunque suene tétrico) y ese fin se convirtió en nuestro principio solapándose ambos en un instante mágico e irrepetible. Ergo, en lo material existe una fusión posible, y no sólo existe sino que, si no se hubiera dado, no estaríamos ahora aquí leyendo o escribiendo en un blog: el principio implicó también un dramático final.
Eso es quizá lo que recordamos sin recordar, lo que fluye en nuestra insoportable nostalgia de la unidad: fue una mortal fusión lo que nos puso aquí. ¿Será esta la culpa que llevamos impresa tan adentro?

Link recomendado: Embriogénesis (con extraordinarias fotografías del genial Lennart Nilsson)
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