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08 mayo 2010

Ifestion (la amistad)

La historia de una bella amistad (clic en la imagen)
(del álbum Aléxandros (Alejandro Magno) de S. Spanoudakis)

27 abril 2009

Girando con el universo (derviches)

«El samá’ es el adorno del alma que ayuda a ésta a descubrir el amor, a experimentar el escalofrío del encuentro, a despojarse de los velos y a sentirse en presencia de Dios» (Rumi)
.
Hace unos años tuve la inmensa suerte de ver en directo los giros mágicos de los derviches en un acto íntimo que presenciamos unos pocos perdidos y afortunados. El lugar, pétreo, anacrónico y escondido. Las danzas, más allá de la embriaguez. Ellos, posiblemente conectados con lo sagrado.
Y algunos de los presentes también, a través de ellos.
Son estos:
danzas (ellas), comienzan al final - parte 1/2
danzas (ellas) - parte 2/2

danza (él) - parte 1/2

danza (él) - parte 2/2

..


Paco Traver dijo...

De eso se trata: de girar como estrellas alrededor de un centro, con una mano hacia arriba que recoge y otra mano hacia abajo que devuelve. Girar para recoger algo util para los que estan debajo. En eso consiste la vida, si.
3/5/09 21:10
Sintagma in Blue dijo...

Mantras que aproximan a la esencia...
9/5/09 11:20

12 noviembre 2007

Kyrie Eleison: la fusión de los contrarios

No es necesario tomar sustancias psicotrópicas para aumentar el radio de percepción a lo inefable, ubicarse en una perspectiva distinta de la cotidiana, enfocar la percepción desde otra altura y comprender lo incomprensible, convertirse en un hombro donde pueda sollozar un solo de saxo. No se trata de enajenación sino de un estiramiento de lo sensorial hasta reinos donde no impera la lógica, sólo la belleza y esa libertad de imaginación que la mayoría tenemos atrofiada.

Cerrando los ojos y escuchando esta pieza del Requiem puede verse por una rendija, casi tocarse, el forcejeo desesperado entre ella (coros femeninos) y él (coros masculinos), pongamos entre el cloro y el sodio. Es la danza espectacular del amor y la muerte (Eros y Thánatos otra vez), porque saben –de algún modo irracional lo saben- que deben morir para dar vida. Permaneciendo con los ojos cerrados (el motivo es técnico) se entra fácilmente en un juego testimonial: el viejo juego de lo femenino eludiendo, yendo y viniendo de modo pizpireto, negándose en un inicio a lo que se intuye inevitable, revoloteando por aquí y por allá, no dejándose apresar como es deber de la parte yin. No es fácil pero tampoco imposible escuchar en dividido, dividan su atención en dos partes iguales para dedicar a ellos y a ellas la mitad de su percepción, dejen que las manos se muevan si es preciso (una para ellas, la otra para ellos) para escenificar las dos trayectorias, y comprobarán qué fácil es entender ese otro lenguaje de dos átomos que quieren crear la sal pero saben que morirán en el intento, el drama infinito de la vida hecho melodía. Asistimos impotentes y enternecidos a la agonía amorosa de dos entidades que se atraen y se evitan a la vez, vemos (oimos claramente) a los contrarios abalanzándose gradualmente a la espiral fatídica de la que ya no saldrán y que les conduce poco a poco al acercamiento inevitable, y es inevitable pues el destino de la naturaleza es incontrolable. Es por ello que ellos y ellas (él y ella) acabarán rindiéndose al peligro y cayendo irremediablemente en la zona magnética de la que no hay escapatoria, la turbulencia que absorbe de modo fatal a los contrarios y que les arrastrará a lo que supimos desde el principio: al instante único y sublime de la fusión. Justo antes de ese definitivo orgasmo musical, si se toma aire a tiempo se supera algo mejor tanta belleza que cabe en el vertiginoso cumplimiento de lo fatídico, la muerte dadora de vida.