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20 mayo 2013

¿Somos buenos, malos o todo lo contrario? (2007)



1. Introducción
Este es un comentario sobre los textos “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte” (1915) de Sigmund Freud, y “Agresión y narcicismo” (cap. 17 de “Anatomía de la agresividad”) (1975) de Erich Fromm.
El primero, obra de S. Freud (1856-1939), fundador de la escuela psicoanalítica y reconocido hasta nuestros días por su investigación sobre el inconsciente, fue escrito en 1915, después de comenzada la I Guerra Mundial (en la cual Freud, junto a Einstein y otros científicos, adoptaría una postura pacifista). El segundo texto es de Erich Fromm (1900-1980), que entonces era adolescente y estudiaría más tarde en el instituto fundado por Freud en Berlín, dedicándose asimismo al psicoanálisis. Si bien fue admirador de Freud, en sus años finales su alejamiento de él es patente en varias de sus obras, como “El miedo a la libertad” (1941) o “La misión de Sigmund Freud” (1956).
Una de las visiones enfrentadas entre ambos es sobre la naturaleza de los instintos agresivos humanos, de la cual tratan los textos de este comentario que intenta reflejar sus distintas posturas al respecto.
2. Resumen
2.1 Texto 1 (Freud)
Parte 1: La agresividad
Freud aparece decepcionado por la actitud que los hombres muestran en pleno conflicto bélico. Nos introduce primero al concepto de civilización, entendida como un conjunto de normas aplicadas por el Estado para el bien de la armonía en la comunidad, Estado que por otro lado “censura la intercomunicación y la libre expresión”. Según él, los instintos “malos” del hombre pueden ser transformados en “buenos” por dos vías: la mencionada civilización (factor exterior) y el erotismo (factor interior). Sin embargo, esta transformación no es irreversible sino susceptible de regresión a un estado anterior bajo determinadas situaciones. Una de ellas sería precisamente la guerra.
Según Freud, la inteligencia no puede ir desligada de la vida sentimental[1]. De ello deduce que una explicación de que la guerra lleve a los hombres a actuar en forma tan poco racional sería que aquella altera previamente el mundo de las pasiones, enajenando por tanto toda lógica. La guerra llevaría esa actitud individual al nivel de nación contra nación.
Parte 2: Actitud ante la muerte
La muerte es algo que no aceptamos en nuestro pensamiento cotidiano, como si no existiera o fuéramos inmortales. En este apartado, Freud expone dos ideas:
a) Nuestra postura emocional ante la muerte proviene de la horda primitiva. Nuestros ancestros debieron experimentar sentimientos contradictorios: por un lado, alegría por la muerte de un enemigo, y, por otro, alegría asimismo por la de los seres queridos. Esto, que es aparentemente paradójico, se debería a la ambigüedad inherente a la psique humana (amor/odio) ya que un ser querido, después de todo, es alguien ajeno: su muerte no es la del yo, por otro lado siempre desconocida. Este sentimiento paradójico sería el germen de un sentimiento de culpabilidad que habría encontrado compensación en la creencia en la inmortalidad, y poco después en la religión.
b) Antes de la religión, la primitiva moral de nuestros antepasados debió hacerles insensibles al asesinato. Según Freud esa pulsión es innata, y es también la explicación más plausible para que fueran precisos mandamientos que lo prohibieran (“descendemos de una larguísima serie de generaciones de asesinos”). El autor va más lejos aún, asegurando que, todavía hoy, el miedo a la muerte procede de aquel primitivo sentimiento de culpabilidad, y que en nuestro inconsciente el asesinato es, en realidad, incluso deseado.
2.2 Texto 2 (Fromm)
Para analizar la violencia del hombre Fromm parte del narcicismo, reprochando a Freud que lo vinculara demasiado a la líbido. Separado de ésta, el narcicismo es un estado en el cual “sólo uno y lo suyo es sentido como real”, lo demás no interesa. El narcicista se aferra a su autoimagen con ceguera y una clara falta de objetividad porque le ofrece seguridad, y este fenómeno se amplía al narcicismo colectivo con idénticos efectos. En ambos casos -individual o colectivo- se reacciona a la crítica o la amenaza con violencia, ira o deseo de venganza (debido al miedo a perder la sensación de amparo que proporciona al narcicista el amor a sí mismo o a su grupo).
Para este autor, las causas de la agresión son cuatro: (a) el citado narcicismo colectivo cuando lleva al fanatismo (el individuo integrado en la masa se siente libre de toda duda y poderoso); (b) resistencia -uno de los mecanismos de defensa según Freud- que aparece ante el temor al descubrimiento, por parte de otro, de una verdad reprimida en el inconsciente; (c) conformismo, p.e. la obediencia del soldado a la autoridad militar[2]; y (d) agresión instrumental, aquella justificada por el objetivo de obtener algo. La frontera entre este deseo intenso y la voracidad -reflejada en nuestros días en el consumismo- es borrosa, pero también la voracidad puede inducir a la agresión (p.e. por un drogadicto). Otra razón para la agresión, en el caso del soldado, sería la presión de tener que decidir entre “matar o ser muerto”; aunque Fromm no categoriza este motivo, se entiende que se refiere al instinto de supervivencia.
3. Confrontación
Básicamente, Freud defiende la idea de que la raiz de los instintos brutales del hombre está en la propia naturaleza humana y que la agresividad puede ser reprimida por la cultura, aunque no de un modo definitivo. En contraposición, Fromm contempla la actitud agresiva como algo cuyo origen no se encuentra en lo innato sino en el terreno de lo contingente.[3]
Para S. Freud, la facilidad con que afloran los instintos de crueldad con motivo de una guerra viene a confirmar su sospecha de que dichos instintos permanecían simplemente inhibidos, y que el comportamiento “civilizado” previo a la guerra no era una ganancia evolutiva sino producto de la hipocresía social que, en condiciones normales (o sea, en tiempo de paz), juzga demasiado superficialmente los actos más que sus verdaderas motivaciones (“los hombres no han caído tan bajo como temíamos porque tampoco se habían elevado tanto como nos figurábamos”). Con esto viene a decir que los estadios evolutivos se superponen unos a otros y que los instintos más primarios siguen latentes, pudiendo por tanto resurgir bajo cualquier circunstancia que anule el efecto de aquello que los mantenía inactivos (“el individuo que entra a formar parte de una multitud se sitúa en condiciones que le permiten suprimir las represiones de (...) su inconsciente individual (...) en el que se halla contenido en germen todo lo malo existente en el alma humana.” (Freud, 1921)). El estado de guerra sería, pues, una de esas circunstancias que suprimen la represión.
Fromm, por el contrario, justifica la conducta agresiva en una línea mucho más ambientalista, como una respuesta casi comprensible. Para él las principales causas de la guerra serían la agresión instrumental (por parte de las naciones) seguida de la obediencia a la autoridad (por parte del individuo). En claro contraste a la postura de Freud, dice: “la tesis de que la guerra se debe a la destructividad innata del hombre es claramente absurda (...) con el desarrollo de la civilización han aumentado la frecuencia y la ferocidad de las guerras. Si la guerra se debiera a impulsos destructivos innatos, hubiera sucedido lo contrario”. Para este autor es evidente que la I Guerra Mundial, como cualquier otra, se debió a intereses económicos y ambiciones de hegemonía (“es un error creer que aquella guerra tuvo su origen en el deseo de las poblaciones (...) de descargar su agresividad”). También recrimina a Freud haber tergiversado las estadísticas con objeto de reforzar su teoría (“datos que hubieron de ser deformados para servir a su propósito”).
4. Conclusión
A pesar de sus diferencias elementales, ambos autores coinciden en que el impulso de agresión -sea cual sea su causa- se expande de un modo natural desde lo individual hasta lo colectivo: mientras Fromm propone este mecanismo para el fenómeno del narcicismo herido, Freud cree en un proceso similar para los instintos destructivos.
Curiosamente, Fromm menciona que “mientras el soldado combate con el enemigo en defensa de su vida no tiene que combatir con los miembros de su propio grupo por el pan”. Este comentario parece algo contradictorio, pues con esto estaría admitiendo que la agresividad está en efecto implícita en el ser humano y que la guerra constituiría, en esencia, una vía de escape más justificable que otras.
Es muy probable que ambas posturas sean algo extremas y que la respuesta a los interrogantes planteados por estos dos autores se halle en un punto intermedio o en una combinación de ambas, como sucede con tantos otros pares de teorías que se han confrontado, a lo largo de la Historia, en relación a temas tan complejos pero tan fascinantes como la conducta del ser humano.

BIBLIOGRAFÍA

- CID, P.: “Acerca de Fromm” (artículo electrónico, en www.geocities.com)
- DAMASIO, A.: El error de Descartes, Barcelona, Ed. Crítica (1994)
- FROMM, E.: El miedo a la libertad. Buenos Aires, Ed. Paidos (1950)
- FREUD, S.: Psicología de las masas y análisis del Yo. Ed. Psikolibro.
- HERGENHAHN, B.R.: Introducción a la Historia de la Psicología. Madrid, Thomson Editores (2001)


[1] Esta afirmación de Freud está siendo corroborada en la actualidad por investigaciones de los neurólogos portugueses A. y H. Damasio sobre la estrecha relación entre la amígdala y la toma de decisiones.
[2]Para Hitler (…) el ario está dispuesto a someter su propio ego a la vida de la comunidad” (El Miedo a la libertad, 1941, p. 143)
[3] Hay que tener en cuenta que Fromm había investigado ampliamente el fenómeno del nazismo en la II Guerra Mundial, y que el texto de Freud fue escrito veinticinco años antes. De hecho, moriría el mismo mes en que fué declarada esa guerra.

29 octubre 2011

Fachadas (o De la desmesurada credibilidad de lo que vemos)

Una persona conocida que me mostraba su piso mientras lo pintaba me explicaba que se había quedado sin pintura justo un metro cuadrado antes de terminar aquella estancia.
- Pero mira, ¿sabes qué te digo? -dijo-. Que, como aquí va el armario y lo tapará, no se verá.
Todos hemos oído también algo parecido a esto: "Te has manchado! Es igual, con el foulard por encima no se vé". La corbata se inventó, precisamente, para tapar los botones.
También hemos visto cómo dueños de automóviles artríticos los llevan ufanos al túnel de lavado a fin de que -por lo menos- de puertas afuera luzca lindo y brillantito.
Mujeres entradas en años (y a veces también en kilos) se pintarrajean paroxísticamente por aquello de "la fachada" (por cierto, nunca he comprendido cómo mis congéneres no se dan cuenta de que las arrugas suelen ser más visibles con maquillaje que sin él). Como fachadas son esas a las que los ayuntamientos limpian y dan esplendor porque el interior es lo de menos: lo que cuenta es que los turistas digan "Qué bonita es Barcelona, qué edificios tan bien cuidados!" (en esta imagen se ve claramente la diferencia entre la fachada, que se vé, y lo que no se ve).
Cuando el empleado de un banco o dueño de una tienda de barrio acciona el pulsador que abre la puerta de entrada, no lo hace sin antes "echar una ojeada" a la apariencia externa (o sea, a la indumentaria) del que llama. ¿Es que los atracadores -me pregunto- suelen ir vestidos de atracadores?
Somos animales dotados de sentidos y es obvio que nuestro discurrir por el mundo sin acabar el día llenos de moratones, intoxicados, ahogados o cayéndonos por precipicios, depende en gran medida de la información que éstos le proporcionan a nuestro cerebro. Sin embargo, también parece obvio que atribuimos a la vista una exagerada fiabilidad que a todas luces no correlaciona con la realidad.
Y lo sabemos pero no lo cambiamos. Por ello se venden tantos cosméticos, pues lo importante es parecer bella por fuera. Por ello hay tantos armarios que ocultan paredes sin pintar o con desperfectos, tantas manchas debajo de una corbata, tanta mentira tras muchas sonrisas de plástico o grandilocuencias, tanta aerofagia bajo una piel hidratada por cremas francesas.
Porque no es oro todo lo que reluce, pero para lo que importa somos ciegos.
Hemos confundido el ser con el tener, el ser con el hacer, y también el ser con el parecer.

PS: Si quieren comprobar cuánto nos engañan los ojos, pasen su mirada por esta imagen... No, no se mueve.

30 septiembre 2011

El cerebro holográfico (en inglés)

Karl Pribram hablando sobre el cerebro holográfico. Que lo disfruten.

21 noviembre 2010

Engaño y autoengaño


(clic en la imagen)

"El autoengaño evoluciona para que el engaño sea más eficaz y menos costoso cognitivamente" (R. Trivers).
Es decir, antes se pilla al mentiroso que al cojo... a menos que el primero esté convencido de lo que dice.
Aquí (<--clic) tienen un muy buen resumen de la teoría de Trivers. (fuente: http://www.inteco.cl/notas.php/1270848493).

08 febrero 2008

Memorias traicioneras

La autora de esto últimamente creía que, ya que no somos casi nada, al menos éramos memoria residente. Residencia de una identidad más o menos creible. Pero la autora de esto ha visto ese video y quiere dedicar esto a quienes quieran enfrentarse en nueve minutos y algo más a un intrigante enigma que está ahí nos guste o no, lo pensemos o no (la autora de esto aconseja ver el video antes de seguir leyendo, lo puesto aquí es “además de”). No tengan prisa, les espero unas líneas más abajo...

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No sé el lector, pero la frase “para nuestro cerebro es más importante contarnos una historia consistente que una historia verdadera” la encuentro impactante. No sé quién dijo (Erikson?) que sólo el 50% de lo que recordamos ocurrió realmente tal como lo recordamos. Imagino que las investigaciones sobre la memoria tienen mucho aún por delante.

Ahí se dice que, después de todo, el cerebro no funciona como el DD del pc.

Algunas veces, para conseguir un recuerdo coherente el cerebro rellena los huecos de la memoria con contenidos imaginados e irreales.

“[Nuestro cerebro] a veces nos muestra cosas que no están y otras nos esconde cosas que sí están” Da para pensar, si estamos dispuestos a creer en los últimos descubrimientos.

Recordamos cosas y estamos seguros de que nos pasaron, pero si lo comprobamos con los hechos históricos, vemos que esos hechos no son necesariamente ciertos”.

Muchos de estos engaños se deben a una capacidad sorprendente del cerebro, cuando la información no es suficiente o es confusa se la inventa, rellena los huecos para construir una realidad lo más lógica posible según nuestros esquemas mentales.

El horror vacui cerebral también abarca la memoria porque los recuerdos son una mezcla de realidad y ficción.” Y algo en uno mismo reniega tozudamente aceptar esta aserción. ¿Puede ser, realmente, que no podamos fiarnos ni de la memoria? ¡Qué tema tan apasionante! ¿Acaso no recuerda el lector, a nivel de detalle pormenorizado, aquella escena de los cinco años, aquel parque, aquella discusión en casa o aquel perro que nos mordió? Pues igual no sucedieron exactamente así. Si lo piensan bien, da cierto vértigo.

El cerebro no ha evolucionado para comprender el mundo sino para que sobrevivamos en él”. Esta es una verdad tan cruda que nadie que persiga la Verdad podría quedarse igual ante ese interrogante.

Es mejor una historia coherente, aunque sea falsa, que con otra más real pero incompleta.” Sin comentarios...

Para pensar: “Sin embargo, la más impactante de las ilusiones mentales quizá sea el Yo, la conciencia de uno mismo. Sospechamos que es uno más de los productos de la actividad cerebral (...) De hecho hay muchos estados en que [el Yo] desaparece. Sin embargo, la masa cerebral continúa con los mismos requerimientos de oxígeno y nutrientes. Muchos expertos creen que, más que una unidad, somos una sociedad de mentes distintas que funcionamos como una orquesta: pueden funcionar todos los instrumentos a la vez pero también se forman quintetos, cuartetos o, simplemente, un solo.

Tú no eres la misma persona que se ha levantado esta mañana, y sin embargo tienes la impresión de que lo eres, pero en términos de moléculas no lo eres.

¿Qué somos en realidad? Si lo que recordamos no es del todo fiable, si entre los núcleos y los electrones de cada uno de los átomos que conforman nuestras moléculas hay tanto vacío como entre una pelota de tenis y las gradas de un estadio de fútbol, si las palabras con que se desgrana nuestro discurso son cáscaras vacías, ¿tiene sentido que nos sigamos empeñando en llamarnos Yo, ese modesto monosílabo que apenas representa a un constructo psíquico?

PS 090208: para una versión neuro-poética, ver ->este post<- en Neurociencia-neurocultura.

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Paco Traver dijo...

Eso que llamamos Yo ,no es mas que una ilusión de continuidad que construimos cuando iniciamos la autonarrativa de nuestra vida, de nuestros hechos, de nuestros recuerdos. Efcetivamente nuestra memoria nos mas que una secuencia de datos que se hallan conectados entre si por asociaciones muy parecidas a las del perro de Paulov, el condicionamiento clasico, los recuerdos se agrupan por contiguidad temporal o semántica y cuando los recobramos lo hacen tambien arrastrando cadenas perdidas como cuando el ordenador se defragmenta. Si además pensamos que la memoria procedimental no guarda hechos o eventos sino tan solo rastros de aprendizajes repetitivos y emociones podemos intuir por donde va eso que llamamos memoria, la capacidad de recobrar pero tambien de resignificar el pasado a la luz del presente, por eso cualquier recuerdo siempre es sospechoso y por eso la retrospección no es un metodo fiable para saber la verdad histórica, no sólo en el individuo puntual sino tampoco en la historia en si.
9/2/08 16:16

Joseph Cartaphilus dijo...

En el fondo, y dadas nuestras limitaciones, la Verdad es algo en lo que es muy dificil de creer. Lo curioso es que haya tantos sujetos deseosos de creer en ella. Quizás porque son sus cerebros los que les mienten.

Dichosas neuronas
10/2/08 20:57

Anónimo dijo...

Creo que fue Kant quién dijo que " No vemos la realidad, sino unicamente la idea que nos formamos de la realidad y que fabrican las neuronas del cerebro. O como dijo no me acuerdo quién: La ciencia nos da modelos del mundo, pero no el mundo en si.


Salud.
11/2/08 14:18

Ana di Zacco dijo...

Y antes de Kant, Platón y otros. Y si fuéramos más hacia atrás en el tiempo, en Oriente encontraríamos la misma idea esperando ser puesta en palabras. Ellos no hablaban de neuronas porque aún no había nacido R. y Cajal y lo llamaban cavernas o visiones de semidioses o de mil otras formas.
11/2/08 17:09

santos dijo...

¿Puede uno mantener cinco y no morir en el intento?

Creo que sin querer he homenajeado a Carmen Rico Gody, una señora mayor que me cae muy mal.


Ya no me acuerdo si eran cuatro o cinco.



Mierda.
11/2/08 23:39

santos dijo...

Cuatro o cinco BLOGS.

(No sé dónde tengo la cabeza.)
11/2/08 23:41

Sintagma in Blue dijo...

Jo, estoy que no me hallo.
12/2/08 18:20

FRAC dijo...

La idea ilusoria -incierta- encaja bien en el puzzle general de la realidad, esa percepción...

He leído también el post y los comentarios en Neurociencia, y la idea de fractal me parece tan atractiva...

El tema es muy ilustrativo: sitúa al Yo un poco más hacia atrás en la cola de nuestras prioridades y exigencias, y dota el entorno de un cierto misterio.

Abrazote!
16/2/08 07:37

Rubén Iglesias dijo...

Yo creo que aquella dialéctica entre el ser y el devenir de nuestros pensadores antiguos, no es solo algo estático y fuera de nosotros. Es también algo interior y personal. Y la misma solución que se encontró entonces para buscar una vía en el medio de los opuestos, hay que usarla de clave para entendernos a nosotros mismos.

Por cierto, me gusta mucho tu blog. Aunque es la primera vez que comento quiero decirte que estás entre mis lecturas asiduas. Saludos.
16/2/08 20:14
JeJo dijo...

Tan complicado como interesante el tema que propones esta vez.
Me entusiamó la idea de que nuestro cerebro es una "sociedad de mentes", una orquesta.
Desafinado o no, nos toca su serenata todo el tiempo. Que importa si la partitura es "mentirosa" ... ?, igualmente las improvisaciones delirantes y zapadas espontaneas tienen ritmo, fresco y vital.

Saludos.
21/2/08 17:06

Julio Avendaño dijo...

Pues el vértigo se me da bien, especialmente cuando pienso (¿o acaso no soy yo quien piensa sino el cerebro incluido en este cuerpo dejándome pensar que soy yo?) sobre cómo puede sentirse él mismo (el cerebro) al observar a esa parte suya creyendo que le ha descubierto (la parte al cerebro) y que ahora sí, ahora ya está la parte o ego, más cerca de la verdad y de la solución final de las cosas, porque en cuanto termine de descifrar esto, de lo que se acaba de dar cuenta exacta, entonces todo tendrá sentido, su sentido natural y podrá seguir con su existencia en paz, con un tormento menos del cual preocuparse.

Como decía, debe ser muy divertido ser un cerebro que se da cuenta de todo esto... Imagínate, si fueras ese cerebro, desde un principio sabrías el tipo de placebo (¿existe más de uno?) necesario para que esa su parte (o ego según la parte misma) se satisfaga y se tranquilice y olvide, una vez más, ésos asuntos con ínfulas de trascendencia y profundidad y verdad. Y así, hacerlo funcionar correctamente para conservarse lo mejor posible, hasta que esa su parte separatista y egoísta vuelva a preguntarse si existe o no, o para qué existe, o cualquiera de las cosas que se le ocurren tan frecuentemente.

¡Apasionante tema! Gracias por el movimiento neural que me has provocado con tus palabras, que resultan harto placenteras y estimulantes.

Salú.

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PD. Yo estoy plenamente seguro (¡¡¿¿??!! Bueno, no estoy seguro de mi yo en estos momentos; pero sí estoy seguro del hecho, aunque posiblemente sea una treta más de mi cerebro para tranquilizarme y hasta hacerme sentir orgulloso de la buena memoria que tengo...)de que el primer punto de encuentro ha sido "Una carta para ti", de esa hermosa y exuberante hada que se hace llamar Trenzas.
29/2/08 14:42

marìa Inès Mogaburu dijo...

Ya los gestàlticos habìan notado còmo la percepciòn buscaba completar formas, y rellenaba el faltante. Algo asì pasa con el archivo de la memoria, pero sirve, ¿o no?
14/3/08 18:38

Ana di Zacco dijo...

Pues no sé, M. Inés (ya sabes que yo no sé mucho de esto!) pero es posible que la mente después de todo también rellene el pasado real con el pasado ideal.
Gracias por tu visita!
14/3/08 18:59

27 septiembre 2007

Somos Voz


Tiene razón la filosofía oriental y la mente es una pura trampa decodificadora de ilusiones (Maya) cuya función parecería ser la de engañarnos las veinticuatro horas del día: una embaucadora que percibe comisión en función del número de mentiras que nos cuela. Su cháchara diurna nos impide -lista ella- que caigamos en la cuenta de algo elemental, cruel como la vida misma: somos un conglomerado de vacío. Somos una escalera jerárquica que va del órgano al átomo pasando por la célula pero nunca pensamos en ello: no nos es indispensable para perseguir eso que llamamos calidad de vida. Parece inconcebible no ser consciente de ello cuando gracias a estas mismas células (las de la retina, por ejemplo) es que podemos estar leyendo esto. Si cada átomo que nos conforma tuviera el tamaño de la cúpula de San Pedro, su núcleo sería tan pequeño como un granito de sal (basta consultar cualquier fuente seria al respecto). Esta es la realidad y no otra: somos una masa formada por vacíos y ondas, por partículas moviéndose en nuestro interior a la velocidad de más de quinientos km por segundo en eterna búsqueda de homeostasis. Los expertos lo resumen así: todo es información y energía.

Y la energía cabalga por el vacío (nosotros) en forma de onda porque no existe otro corcel a su disposición. Hasta aquí la realidad concebible por esta operativa fantástica, esta inmensa metáfora que es la mente, enredadora de entuertos y decodificadora de señales.

Uno de los milagros de la energía es convertirse en voz cuando una serie de átomos de oxígeno y carbono, debidamente amistados, deciden volver al exterior obligados por el diafragma, tras cruzar una red de vericuetos, entre otros una compuerta de tejido muscular llamada cuerdas vocales. Son parecidas a la puerta de la efigie que traspasó Atreyu en La Historia Interminable. Cruzada ya la efigie, el aire sigue su camino transmutado ya en risa, en celebración o en susurro al oído, pero no tendría identidad si no hubiera algo al otro lado: el que oye.

Ahí está el milagro: la voz es única, intransferible: es el yo hecho sonido, salida directamente de las catacumbas del alma, del centro de los centros. Hay voces cantarinas, voces grises y rasgadas por el dolor o la angustia, otras coloridas como un prado en primavera, otras como la lluvia sobre un lago. Pero todas son ondas que nos llegan y que una parte de nosotros, el yo oyente, recibe y encaja y reacciona debidamente. Porque se trata de dejar penetrarse por la más genuina esencia del otro, de ser el honrado receptor de su yo transformado en sonido: el vacío que somos también como oyente se llena de cantos, de armónicos, de palabras que nunca lo dicen todo. Porque la voz también sabe callar y a veces lo no dicho es el mejor sonido. Ahí radica el otro lado de su milagro.

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06 junio 2007

Krishnamurti encore (creencias)

“Una taza sólo es útil cuando está vacía; y una mente repleta de creencias, de dogmas, de afirmaciones y de citas, en realidad no es una mente creativa, y lo único que hace es repetir. Y el huir de ese miedo –de ese miedo al vacío, a la soledad, al estancamiento, a no prosperar, a no triunfar, a no ser algo o alguien- es sin duda una de las razones por las cuales aceptamos las creencias tan ávida y codiciosamente. ¿No es así? ¿Podemos comprendernos a nosotros mismos mediante la aceptación de una creencia? Todo lo contrario. Es obvio que una creencia, política o religiosa, impide la propia comprensión. Obra a modo de pantalla, a través de la cual nos observamos a nosotros mismos. ¿Y podemos observarnos a nosotros mismos sin creencias? Si suprimimos esas creencias –las muchas creencias que uno tiene-, ¿queda algo para observar? Si no tenemos creencias con las cuales la mente se haya identificado, entonces la mente, sin identificación alguna, es capaz de observarse a sí misma tal cual es, y ahí, ciertamente, está el comienzo de la propia comprensión.”

(J. Krishnamurti)
Hay que proceder, pues, a la catarsis de lo creencial, sólo que no es tan fácil como parece.
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Paco Traver dijo...

En las ideas se está pero las creencias nos contienen
6/6/07 17:11
FRAC dijo...

Alguien dijo -lo siento, no recuerdo quien fue- que todo hombre debería, al menos una vez en la vida, dudar de todo.

Estaría bien que en TV dieran el tipo de información que posteas. Seguro que nos ahorraríamos hablar de otros temas o conflictos que de entrada parecen bastante inexplicables.

Feliz ducha referencial!
13/6/07 19:56
dorada dijo...

Bellisimo!!!!!!!
10/2/11 13:22