Opinan algunos
que los humanos nos estamos volviendo más individualistas, en parte a causa del
desarrollo de las nuevas tecnologías. Ante la visión de un autobús lleno de
viajeros tecleando cada uno en su móvil, ya sea en Whatsapp, Twitter, Facebook
o Meetic, personalmente pongo en duda que estemos siendo cada vez menos
comunicativos. Quizá lo hagamos mediante otros medios, pero no creo que estemos
perdiendo esta capacidad –y necesidad- tan humana de la comunicación.
Según estadísticas
recientes aparecidas en prensa, en cerca del 30% de las viviendas de Barcelona
vive una persona sola. De éstas personas, un 40% son mayores de 65
años (más mujeres que hombres). El resto lo conforman separad@s o divorciad@s
(cada vez más), jóvenes independizados (cada vez menos) o simplemente personas
de mediana edad, solter@s y sin hijos.
Sea como sea, un
hecho es indiscutible: todos ellos, en bloque, son seres socialmente (aunque tácitamente) marginados.
Basta una sesión de cuñas publicitarias –sea de gas natural, de yogures, de
muebles, de automóviles o de aseguradoras médicas- para comprobar que la “vida
ideal” que nos proponen sibilinamente es la de la pareja convencional (ambos
guapos y delgados) con dos hijos (niño y niña a poder ser, y también los dos guapos
y sanos, uno de ellos casi siempre rubio). En la vida práctica, el resto lo
tienen no sólo muy crudo sino también más caro.
En el sector de
los viajes -hasta recientemente en que asoman la cabeza iniciativas que
intentan paliar este problema- viajar solo es mucho, muchísimo más caro. Las
mayoristas de viajes enfocan sus target
clients en las –tradicionalmente mayoritarias- unidades familiares, como las llama el Ministerio de Hacienda a la
hora de pasar la bandeja. Si el coste de una habitación doble en un hotel de 3
estrellas es de 70 eur (35 eur por persona), el de una habitación de uso individual
sería de 60 eur (60 eur por persona). La desproporción es análoga para una
cabina de crucero y hasta para una sesión de SPA para dos.
En el mundo de
los seguros, una persona sola y sin hijos que planee contratar solamente un seguro de
invalidez también lo tiene muy difícil, si no imposible. ¿El motivo? Porque
quien desea prevenir una hipotética invalidez laboral propia también deseará
prevenir con mucha más razón su fallecimiento, dado que la mayoría tiene pareja
e hijos (aunque no sean tan guapos como los de los anuncios) y por ello deseará
cubrir con más motivo esa eventualidad por el bien de los suyos.
¿Qué ocurre si
no hay suyos? Pues sucede que
necesariamente tiene que pagar por ellos aunque no existan. Al menos hasta hace
un tiempo, el seguro de invalidez era una especie de anexo al llamado seguro de
vida. Cualquier mente sensata convendrá en que es un sinsentido pagar un seguro de vida si no hay ningún potencial beneficiario de la indemnización, así que ¿para qué contratar y pagar por algo que no va a utilizarse?
Porque esto es lo que hay.
Como último
ejemplo, un simple frigorífico. Ya saben que en el mercado existen gamas “No
frost” y las demás. Las “Sí frost” son aquellas que, con el tiempo,
generan escarcha y hielo, lo cual implica que, de vez en cuando, hay que batallar cual Cid Campeador armados de cuchillos, cazos con agua caliente y demás
artilugios. Como nuestras madres y abuelas. Eso pasó a la historia con los “No
frost”... al menos teóricamente.
Un single no necesita el típico enorme
frigorífico “Combi”, pensado para familias standard. Un single se conforma con
mucho menos espacio, pero no en cambio con un congelador diminuto. ¿Acaso vivir
solo significa que uno puede hacer la compra a diario?... Eso parecen creer los
fabricantes de electrodomésticos de línea blanca, pues la enorme mayoría de
frigoríficos pequeños no sólo disponen curiosamente de un congelador ridículo, sino que,
para complicar las cosas aún más, son pocos los de tamaño single con la prestación “No frost”. ¿Por qué esa incompatibilidad? ¿Se da por supuesto que
los singles disponen de más tiempo libre para pelearse con el hielo?
Quede claro que,
de haberlos, haylos, aunque sean más difíciles de encontrar que un níscalo en un
monte nevado. Quizá ya hayan adivinado que, además, éstos también son desproporcionadamente más costosos.
Harían bien los
señores fabricantes de electrodomésticos, las aseguradoras, los mayoristas
de viajes y demás proveedores, además de ponerse al día con el último
modelo de tableta y con las aplicaciones que ahora ya nos avisan de la mejor hora para salir hacia el aeropuerto, en ponerse al día también en cuanto a sus target clients: en el 2015 vivían solas
en España cerca de 4,5 millones de personas. Y a un ritmo de crecimiento de un
2,8% anual. Escalofriante... Pienso que les sería conveniente ir rehaciendo sus cálculos en el
próximo comité de ventas y reformulando sus tablas de Excel. Somos
legión.
Y, a este ritmo, más que lo seremos.
Y, a este ritmo, más que lo seremos.


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